Bitácora personal de Pepe Flores

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Archivo para Diciembre 2007

El bautizo de la máquina

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El que suscribe es dueño de una computadora portátil que se llama Sara Juana. Al igual que un amplio número de la población, le pongo nombre a muchas de mis posesiones. Sin embargo, la mayoría de estas pertenencias bautizadas son objetos de carácter tecnológico. Esta práctica bautismal tiene distintas implicaciones. En primer lugar, el hecho de nombrar a un aparato implica darle la cualidad de único. Se le confieren ciertas características inalienables que hacen que, a pesar de coexistir junto a un sinnúmero de objetos idénticos, nuestra pertenencia sea diferente. Pero esta actitud va más allá: las máquinas pierden su calidad de objetos y se convierten en entes.

Nuestras posesiones tecnológicas viven en un limbo situado en el límite entre lo inanimado y lo pensante. Se les otorga una personalidad, un temperamento, una existencia. Entre mayor sea su complejidad, mayores posibilidades tiene el aparato de emanciparse de su calidad de inerte. Este fenómeno acontece con mucha frecuencia en el caso de las computadoras. Percibimos una ilusión de libre albedrío por parte de nuestro ordenador. Creemos que el aparato conspira contra nosotros a manera de venganza; o por el contrario, se comporta noble y trabajador en un grado más allá del deber. La respuesta que damos a este desconcertante espejismo es simple: otorgarle al objeto la condición y el trato de un semejante.

Personificamos a la tecnología como un prójimo porque la confundimos con un ente capaz de razonar, sentir y rebelarse. La tratamos como un sujeto ajeno, espontáneo e independiente, convenientemente dotado de la capacidad de equivocarse. De este modo, los seres humanos somos los menos responsables cuando el artefacto decide renegar su función. No obstante, el mayor momento de reconocimiento de la tecnología como un otro suele darse en la adversidad. Ante la imposibilidad de consentir un fallo, nos aferramos a la última posibilidad latente: la de la reacción de la máquina. La tecnología ha trascendido la etiqueta de herramienta para convertirse en un compañero. Hemos abandonado la obsoleta práctica del uso para entrar al terreno de la colaboración mutua. Así fue como Sara Juana y yo redactamos conjuntamente este texto.

*Texto originalmente publicado bajo el nombre de “De bautizos y máquinas” en Tecnocracia, ejemplar 199 de La Catarina, marzo de 2007.

Escrito por Pepe Flores

19 Diciembre 2007 a 7:36 pm

Escrito en Tecnología

¿Se puede vivir de los blogs?

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Que los blogs sean una excelente herramienta para comunicar es una afirmación innegable. Pero esta capacidad dista mucho de ser una panacea. Recuerdo que en una clase nos pidieron ejecutar una estrategia de medios y una sugerencia fue crear un blog. Como si fuera tan sencillo. No lo digo por su dificultad técnica [cualquier internauta neófito es capaz de sacarse una cuenta en Blogger y voilá]. Un blog es inservible a menos que se mantenga. Punto. Habrá muchas discusiones sobre la periodicidad de los posts, pero en estas cuestiones, la respuesta es categórica. No importa cuántas entradas hagas: lo indispensable es que conserves el ritmo.

El ejercicio del blog es, precisamente, un ejercicio. Una rutina en el sentido más estricto de la palabra. Si tienes en mente hacer una bitácora no tan amateur, debes estar mentalizado a que implica esfuerzo. La cantidad de lectores depende del ritmo. Si entrenas a tu visitante a ver tu blog un par de veces a la semana, debes actualizar con esa frecuencia. Si lo acostumbras a dos posts diarios, ésa es tu cuota. Es, en primera instancia, una mera cuestión de persistencia. Los lectores llegan, sólo que muchas veces no se hacen notar.

Valga la metáfora, los lectores son como cucarachas. Por cada comentario que ves, hay una decena de personas visitando tu sitio. La motivación es un factor importante. Me arriesgo a decir que es la obstinación. Porque son incontables las bitácoras que nacen y al par de meses son abandonadas, con escritores que argumentan resequedad cerebral o nula lectura. Si a esto aumentamos que las entradas deben tener la suficiente calidad como para atrapar al lector e incitarlo a volver, veremos que la tarea no es tan sencilla. Los blogs son, aparentemente, el negocio más sencillo. Tan simple que amenazan con crear otra burbuja [como el caso de las dotcom] y estallar en cualquier instante. Pero la diferencia radica en que el costo de operación de una bitácora no es financiero. La inversión se cobra en tiempo. ¿Se puede vivir de los blogs? Sí. Pero hay que saber el precio a pagar.

Escrito por Pepe Flores

19 Diciembre 2007 a 7:23 pm

Escrito en Internet

La ambigüedad como constructor de imagen

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El elector, dice Valentino en el texto Efectos de la propaganda política, se encuentra expuesto a una cantidad impresionante de publicidad, una maquinaria propagandística deslumbrante. La publicidad es numéricamente superior a las notas informativas. El inconsciente colectivo no percibe la imagen de un candidato; la consume. La criticidad – de por sí complicada por el tendencioso manejo de la información de las televisoras nacionales – queda completamente de lado. El elector apela a la figura preconstruida que se le vende, va más por forma que por contenido. La estratagema política, entonces, se aboca a una comercialización mediática del candidato.

La propaganda política tiene la capacidad de modelar la imagen pública de un candidato sin la necesidad de proporcionar información relevante y sustanciosa. Por el contrario, navegar con la bandera de la ambigüedad pareciera ser lo más recomendable. Como se ha visto, el elector no apela a las acciones de los candidatos para definir su voto. Las noticias son infinitamente menos consumidas. Es entonces cuando la propaganda apela más al sentir del votante que a su inteligencia. Apuesta por la fe ciega, irreflexiva, por una convicción generada con base en la simpatía y carisma. Las propuestas se resumen en palabras vagas que lo mismo se podrían aplicar para definir la postura en economía y en educación pública.

El fenómeno del slogan es muy interesante desde esta óptica. Ausentes de libre información, los votantes tienen como único determinante del contenido de una campaña al lema de su candidato. Al desconocer toda propuesta y plataforma política, el slogan se convierte en un compilado de las ideas del candidato, un resumen sencillo y digerible, masificado y listo para asimilarse. Debido a esta peculiaridad del peso específico del slogan, se vuelve prioridad conseguir que el mensaje quede impregnado en la mente del elector y le genere razones de voto.

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Escrito por Pepe Flores

16 Diciembre 2007 a 11:41 pm

Escrito en Medios, Política, Sociedad

Desahuciados: la muerte en vida

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Según la Real Academia de la Lengua Española, desahuciar tiene dos acepciones principales. En un lenguaje médico, refiere a la acción de admitir que un enfermo no tiene posibilidad de curación. En un sentido amplio, significa quitarle a alguien toda esperanza de conseguir lo que desea. Cualquiera de ambas definiciones que sigamos, el resultado es desgarrador: la figura del desahuciado es eminentemente triste. Soledad, alienación, desesperanza. La imagen máxima del abandono.

Y al final del corredor, la muerte. La inevitable muerte.

Es un hecho innegable que el hombre no puede predecir el momento de su partida. Ni los avances de la ciencia ni las prácticas esotéricas garantizan el conocimiento de ese instante exacto. El temor, mecanismo defensivo de la evolución, nos permite mantenernos a raya de la muerte. No en balde se le dice temerario a quien arriesga su vida con alarmante frecuencia. Paradójicamente es la certidumbre de que dejaremos de existir lo que nos impulsa a buscar la trascendencia de nuestros actos. El miedo a la muerte sólo marca la velocidad.

Hay que vivir cada día como si fuera el último, reza la máxima. Si esto fuera verdad, la vida del desahuciado sería envidiable. Conocedor de un secreto vedado al resto de los mortales, tendría la facultad de calcular cuándo y cuáles serán los mejores momentos de su existencia. A los umbrales de la muerte, el miedo desaparece. ¡Qué más da que sea hoy o dentro de una semana! Pero este pensamiento es ingenuo. Para que destaquen los estoicos, deben existir los cobardes. La regla es clara: por cada temerario, un temeroso.

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Escrito por Pepe Flores

13 Diciembre 2007 a 12:21 am

Escrito en Reflexiones, Sociedad

La palabra del año

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Me enteré en ALT1040 que la gente de Merriam-Webster [sí, los de los diccionarios] nombraron a la expresion w00t como la palabra del año. La definición que le atañen es “expresar alegría por un triunfo o sin razón particular”. Por si no lo sabían, w00t es una interjección muy empleada en los MMORPG y, básicamente, es una palabra nacida de la Red. Me llama mucho la atención el comentario que Eduardo Arcos añade al final de la entrada:

Lo que más me gusta es que esos viejos amargados no podrán quejarse cuando vean a los chicos escribiendo la palabra en chats o en el teléfono móvil; no es que deformen un lenguaje, lo están transformando.

Y es que, meses atrás, Arturo J. Paniagua [el otro colaborador de ALT1040] había escrito sobre la inclusión de la palabra blog en el diccionario María Moliner. En esa ocasión, Paniagua apuntó que:

Es cuestión de tiempo para que llegue el día al que más temo, ligüísticamente hablando: ¡cuando WTF y LOL lleguen al diccionario!… Miedo me da pensarlo.

¿Cuál es la diferencia entre transformar el lenguaje y deformarlo? Sin duda alguna, es una posición sumamente subjetiva. La inclusión de neologismos en una lengua es una asunto espinoso. De acuerdo con Álex Grijelmo, autor de Defensa Apasionada del Idioma Español, la creación de neologismos debe responder a una necesidad del idioma, a la adoptación de una palabra única sin actuar en detrimento de otra, que explique un significado que ningún otro término sea capaz. Además, Grijelmo aboga por una genética del lenguaje, donde las palabras nuevas sean descendientes de las etimologías propias del español. El caso de las palabras nativas de la Red es más complejo todavía. Pero vamos por partes.

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Escrito por Pepe Flores

13 Diciembre 2007 a 12:09 am

Escrito en Internet, Lenguaje, Sociedad

Capacidad y selectividad

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El que suscribe es poseedor de un iPod mini. Lo compré hace un par de años y ya está descontinuado. Resulta que el número de canciones que tengo en mi computadora sobrepasa los escasos 4 Gb de mi reproductor musical. Mi reacción instintiva fue buscar un iPod con mayor capacidad. Sin embargo, me arrepentí. Me di cuenta que se está perdiendo la facultad selectiva. En realidad, debería haber depurado mi biblioteca musical y eliminar esas canciones que ya no escucho. Este fenómeno de la pérdida de la selectividad se da con el avance tecnológico: hace años, era de lo más común mantener los buzones de entrada con pocos correos electrónicos, almacenando únicamente los más importantes. Ahora, dada la gran capacidad de las cuentas, atiborramos el inbox con una cantidad impresionante de basura. Cuando disponíamos únicamente de un par de gigabytes de disco duro, pensábamos dos veces antes de instalar un programa. Ahora, poseedores de una capacidad mayor, atestamos nuestra computadora con un sinfín de archivos. Parece que entre mayor es el espacio del que disponemos, mayor es nuestro afán de llenarlo. Hemos perdido la capacidad de discernir entre lo útil y lo inútil ante la falsa ilusión de lo imperecedero, de una caducidad inexistente.

Gracias al incremento de la capacidad, podemos almacenar más música, más videos, más fotografías. Más de lo que sea. Nuestro acervo es impresionante, sin embargo, ¿qué cantidad de estos archivos empleamos? Un porcentaje realmente bajo. Aunque parezca algo sin importancia, esta actitud refleja una postura en contra de un aprovechamiento de los recursos. La acción de seleccionar ha sido sobrepasada por la acumulación. Ya no es necesario eliminar lo que no se ocupa: siempre habrá un contenedor mayor donde quepa. No hay que quitar lo que sobra, basta con ponerlo en un lugar más grande. El intercambio de ficheros es tan sencillo que no cuestionamos lo que poseemos. Hemos suprimido el acto selectivo, convirtiendo a la propiedad en un acto irreflexivo. Estimado lector, piense en esto la próxima vez que quiera adquirir más capacidad para guardar sus archivos: si sus cosas no cupieran dentro de su casa ¿compraría otra casa o tiraría algunos objetos?

* Texto originalmente publicado en Tecnocracia, columna de tecnología en La Catarina, ejemplar número 196. Febrero de 2007.

Escrito por Pepe Flores

11 Diciembre 2007 a 9:46 pm

Escrito en Tecnología

Notas fresquecitas sobre el autor

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1.- Acabo de regresar del Distrito Federal, donde tuve la oportunidad de ver una función Quidam del Cirque du Soleil. También me di una vuelta por el Centro Comercial Santa Fe y dilapidé mis ahorros en un excelente libro de ciencia [Una breve historia de casi todo, de Bill Bryson]; y la primera y tercera temporada de House M.D. [eventualmente conseguiré la segunda]. Conseguí también la primera temporada de The L Word, que regalaré mañana en un intercambio navideño [¡suertudo!].

2.- Estoy a sólo veinte páginas de terminar de leer La Insoportable Levedad del Ser, de Milan Kundera. Debo decir que es sumamente recomendable [espero poder hacer una pequeña reseña después] y estoy muy tentado a comprar otro libro del autor checo. Pero, por lo mientras, me concentraré en acabar mis libros pendientes.

3.- Recién terminé mis entregas finales y estoy recibiendo calificaciones. Me falta finalizar el diseño de un juego de mesa para obtener un punto extra para Organizacional. Hasta ahora, las notas pintan bien [100 en Multimedia, 95 en Documental, 93 en Publicidad y un infame 88 en Estrategias], pero habrá que esperar las dos materias que faltan. Empecé a armar mi horario del siguiente semestre, y me encontré un curso de Mercadotecnia Cultural que promete bastante.

4.- Imagino que a lo mejor se enojaron con el cambio de estilo en el blog [aunque las estadísticas están en su plusmarca] y ya no leo ningún comentario. Se les extraña, así que déjenme un saludo aunque sea de vez en cuando. Prometo mantenerlos enterados de mi vida a través de entregas de este estilo.

Escrito por Pepe Flores

9 Diciembre 2007 a 1:13 am

Escrito en Personales

Fe de erratas

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En días pasados, la periodista Liliana Flores me contactó para pedirme informes sobre la situación actual de la UDLA. El lunes me llamó para preguntarme sobre los candidatos a ocupar la rectoría, y hoy me cuestionó sobre la junta que sostuvo el Consejo Estudiantil para informar a los estudiantes sobre las acciones a tomar. Me llama la atención [y me enfurece] la gran cantidad de erratas que incluyen ambas notas. Entre los numerosos errores, se me citó como miembro del Consejo Universitario [instancia que ni siquiera existe], además de escribir Eber Cid [en vez de Everth Dzib, nombre del presidente del CEUDLA] y Familia Jenkings [en lugar de Jenkins]. Por cuestiones de tiempo, espacio e intención, no voy a colocar todas las correcciones.

El periodista tiene una labor difícil entre manos: reportar lo que sucede de manera veraz y con la mayor prontitud posible. El periodista vive de lo que acontece en el instante: cuenta con apenas unos minutos para recabar la información, tratarla, redactarla y presentarla de una manera que refleje la realidad. Depende, en gran medida, de tener fuentes confiables y fidedignas, pero también necesita una pluma precisa cual escalpelo. Una mala incisión en el papel y la tinta acabará salpicando a más de uno. Sobre todo, al que redactó la nota.

Antes de informar, hay que informarse. Parece muy obvio, pero la premisa se olvida fácilmente. A mayor información, mayor precisión. La nota periodística tiene más elementos subjetivos de los que se presume. La entrada, el tono, la narrativa. Lo único que nunca debe modificarse es el suceso. El redactor pone la receta, no los ingredientes. Por tanto, el periodista tiene que reconstruir la historia con los elementos que cuenta. Difícil labor la de reproducir la realidad.

Que el periodismo esté exento de fallas es una utopía. Siempre habrá un verbo mal conjugado, un nombre mal escrito o un error de dedo. Pero estas fallas de redacción poco tienen que ver con los errores de veracidad. La omisión, la suposición y los juicios de valor no caben dentro de una nota. Y, mucho menos, la exageración y las malas intenciones. En honor a la verdad, que nos cuenten bien la historia. Porque aunque puede resultar más entretenida su versión, no es lo mismo La Caperucita Roja si le quitan al lobo y a la abuela.

Escrito por Pepe Flores

6 Diciembre 2007 a 6:39 pm

Escrito en Medios, UDLAP

Desmemorias de la edición rápida

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Gran parte del estilo del escritor se debe al modo en que produce. Con el tiempo se ha dado un cambio de la herramienta principal de la escritura. La pluma, antiguo blasón del escritor, parece haber sido relegada a las tareas académicas tempranas y a los apuntes rápidos. En la actualidad, no hay músculo carpiano que resista el constante embate de las líneas sobre el papel. Esta escritura es considerada obsoleta, retrógrada y fatigante. Utilizar la pluma nos obliga a ir más lentamente, lujo que pocos pueden permitirse. La técnica manuscrita es empleada por los excéntricos y conservadores, quedando casi relegada a los libros de Historia.

Con el paso del tiempo llegó la máquina de escribir. Adquirimos velocidad para plasmar los pensamientos. Mientras que la pluma nos permitía la libertad de masticar [y regurgitar] las ideas, la mecanografía hizo de la escritura un proceso mucho más lineal. Atrás habían quedado las libertades de tachar y remendar al momento de escribir. La máquina significó un menor cansancio a la hora de producir, pero la edición seguía siendo una tarea fastidiosa. Había que escribir, corregir, reescribir, corregir nuevamente y continuar el proceso ad infinitium. Existían dos, cinco, cien borradores previos a la versión final. Con pluma o máquina de escribir, los textos tenían la capacidad de renacer completos, siendo reescritos cuantas veces fuese necesario.

El ordenador aceleró el proceso de la edición. La corrección de un texto es posible al momento de la creación, sin necesidad de tachaduras, enmendaduras ni versiones de prueba. El milagroso botón de borrado elimina cualquier errata sin dejar testimonio de su existencia. Ventajoso pero traicionero. La memoria del escritor es dañada por la tecnología de la edición rápida. Mientras que los borradores son testigos mudos de una metamorfosis literaria, el archivo de texto tiene la cualidad de cambiar sin dejar historial negativo. Sin esta antología de errores cometidos, conocemos únicamente el hoy y el ahora de un texto, pero no sus antecedentes. Reescribir en computadora elimina la posibilidad de la comparación previa. Quise comprobar esta tesis pero me fue imposible: edité este texto mientras lo iba escribiendo.

*Texto originalmente publicado bajo el título “Pluma, máquina y ordenador” en la columna Tecnocracia, ejemplar 202 de La Catarina, abril 2007.

Escrito por Pepe Flores

4 Diciembre 2007 a 3:45 pm

Escrito en Escritura, Tecnología

¿Quién quiere la silla del rector?

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Bienvenidas las especulaciones. Tras la salida de Pedro Ángel Palou, la silla del rector de la UDLA queda libre. ¿Quién la ocupará? Los medios de comunicación arrojan algunos nombres, unos fiables, otros más disparatados. Que vengan las apuestas. Les dejo una breve lista de quiénes se candidatean, quiénes pueden estar, y con quienes soñamos. Tomen asiento, que el espectáculo de la sucesión está por comenzar.

1.- Jaime Serra Puche: Serra Puche carga con una cruz en la espalda: él fue el Secretario de Hacienda durante el trístemente célebre error de diciembre. Entre los cargos que ha desempeñado, se encuentra haber sido Secretario de Comercio y Fomento Industrial, y Secretario de Hacienda y Crédito Público. Serra Puche es politólogo egresado de la UNAM, con maestría en Economía por el Colegio de México y un doctorado por Yale. Entre sus éxitos se encuentra haber firmado el TLCAN en representación de México y haber sido uno de sus principales impulsores.

2.- Manuel Bartlett: A muchos se les pusieron los pelos de punta con la candidatura de Bartlett a la rectoría de la UDLA. Al parecer, a los Jenkins no les parece mala idea poner al ex-gobernador de Puebla a dirigir los rumbos de la universidad. Ha sido Secretario de Gobernación, Secretario de Educación Pública, y soñó con convertirse en el abanderado priísta para el 2000. Es ampliamente conocido por la “caída del sistema”, que permitió que Carlos Salinas de Gortari llegara al poder en 1988. Actualmente, es senador plurinominal y uno de los más férreos críticos de la Ley Televisa. Pero dicen que el lobo muda el pelo, pero nunca las mañas.

3.- Luis Ernesto Derbez: Se desempeñó como Secretario de Economía y Secretario de Relaciones Exteriores durante el sexenio de Vicente Fox. Economista por la UASLP, tiene una maestría por la Universidad de Oregon y es doctor por Iowa State. Trabajó durante cerca de catorce años para el Banco Mundial, y ha estado siempre ligado al ámbito universitario. Ha sido profesor visitante en la Universidad Johns Hopkins, profesor en el ITESM campus Monterrey y Vicerrector Académico de la UDLA. Estuvo a punto de convertirse en Secretario General de la OEA en 2003, pero finalmente declinó su candidatura. Su nombre se ha barajeado desde hace tiempo, pero es imposible determinar cuán ciertos son los rumores.

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Escrito por Pepe Flores

3 Diciembre 2007 a 8:28 pm

Escrito en UDLAP

La orfandad de los textos

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Recuerdo la primera vez que leí un texto escrito por algún profesor mío. Recuerdo la sensación de desconcierto, de anormalidad. En mi pequeño mundo, las personas que escribían los textos académicos eran prominentes sabios procedentes de los confines del mundo, recluidos en una especie de Olimpo inalcanzable para nosotros, los pupilos. Borroso pero indeleble, queda en mi memoria ese sentimiento de extrañeza, como si el pedestal de aquellos científicos invisibles se derrumbara en cuestión de segundos. Por un momento, el paradigma se había roto. ¿Es que acaso no existe la insalvable distancia entre los héroes y los mortales?

En muy pocas cátedras recuerdo haber recibido alguna pequeña biografía o un bosquejo del contexto que influyó la elaboración de los textos. Este homenaje está reservado para mártires, locos y revolucionarios. Difícil tarea comprender el marxismo sin una radiografía de su autor, o la física cuántica sin un mínimo chapuzón a la historia contemporánea. Si este escrutinio es normal para los consagrados, ¿por qué se omite con los nuevos, los oscuros y los secundarios? Reducir el autor a un nombre y el momento a una fecha es casi tan inteligente como resumir una teoría en una palabra. Los avances son producto de una compleja receta de factores, sazonados en la pluma de un autor que no puede deslindarse de su creación. Aceptar la orfandad de los textos implica creer a pie juntillas en que el conocimiento surge de cualquiera y de la nada, por mera generación espontánea. Y donde prevalece la fe, no crece la crítica.

El análisis coyuntural no debe centrarse únicamente en el contenido del texto, sino en su producción misma. De esta manera, nos preguntaremos no solamente cómo el autor llegó a determinada conclusión, sino también el cómo logró que llegara a nosotros. Entre más atención al camino recorrido por el texto, menor la distancia que nos separa. Pero esta acción no implica llevar la discusión a la vida del autor. Significa reconocer su sello personal para vislumbrar la verdadera identidad de sus propuestas. Sólo mediante el abandono del trono imaginario, del científico invisible, es posible un debate de ideas. La distancia entre el sabio y el pupilo es real, pero no insondable. El Olimpo es accesible para aquellos que estén dispuestos a recorrer la vereda.

*Texto enviado a prueba para la sección ‘Ciencia y Conciencia’ de Revuelta, octubre de 2007

Escrito por Pepe Flores

3 Diciembre 2007 a 7:40 pm

Escrito en Educación, Escritura

Dicen que no son tristes las despedidas

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Dicen que no son tristes las despedidas. En este caso, mucho menos. Tras la salida del rector Pedro Ángel Palou, ha terminado uno de los episodios más difíciles de la Universidad de las Américas, Puebla. El mandato del rector Pedro Ángel Palou inició después la destitución de Nora Lustig, quien se había ganado la enemistad mediática tras proponer la desaparición del equipo de futbol americano de la universidad. Palou, secretario de Cultura del Estado de Puebla durante el gobierno de Melquiades Morales, había rechazado la silla de Vicerrector General unos meses antes, arguyendo poco conocimiento sobre el manejo de la institución. Su nombramiento, por tanto, no resultó del todo sorpresivo. Por el contrario, la comunidad universitaria lo recibió con vitores. Después de todo, no se podía ir peor, ¿o sí?

A tan escasa distancia, es imposible no calificar el mandato de Palou como un fracaso. El tormentoso paso de Pedro Ángel por la casa de estudios cholulteca estuvo marcado por el hermetismo y el autoritarismo en las decisiones. El primer revés vino con la fusión de escuelas, que desencadenó reclamos por parte de los estudiantes. Inmediatamente, vino la primera ola de despidos. En algunos casos, el recorte fue justo. Pero en la mayoría, se cortó sin ton ni son. En la memoria queda la protesta de los estudiantes de Relaciones Internacionales, quienes lograron evitar el despido de algunos de sus catedráticos. Ese había sido el primer aviso.

Las continuas reestructuraciones y los despidos masivos empezaron a hacer mella. La incertidumbre empezó a crecer, y se desató el temor generalizado ante las posibles represalias. El nacimiento de Revuelta, la revista literaria de la UDLA, fue una bofetada para los estudiantes. La universidad, presumiblemente escasa de fondos, se daba el lujo de publicar un capricho de su rector. Mientras tanto, Palou permanecía alejado del campus y la gente cuestionaba severamente su capacidad de mando. Luis Foncerrada, entonces Vicerrector General, tapaba los ataques como podía. Pero la administración cometió otro error severo. Autorizó el cobro del estacionamiento so pretexto del cuidado ambiental. La discusión comenzó, pero no hubo salida. El cobro siguió, con algunas consideraciones menores, pero se salieron con la suya.

Vino después el primer intento por coartar el ejercicio periodístico del semanario La Catarina. La doctora Claudia Magallanes, jefa del Departamento de Ciencias de la Comunicación, fue sorpresivamente relevada de su cargo, y en su lugar llegó Martha Laris, cuyas credenciales eran infinitamente menores a las de su antecesora. En medio de la turbulencia, llegó el desalojo de las oficinas del periódico estudiantil, bajo la mentira de una reestructuración de Servicio Social. La presión mediática alcanzó a la UDLA y Palou cedió al final. Pero esta vez se armó mejor: creó un Código de Ética que sirviera como candado. Sólo era cuestión de tiempo para asestar el golpe.

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Escrito por Pepe Flores

1 Diciembre 2007 a 9:44 pm

Escrito en UDLAP

El crimen de Watson

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Lejos queda la vieja creencia de que la ciencia como una actividad inmune a la sociedad. La práctica científica ha tenido que vérselas con factores políticos, religiosos y económicos desde el principio. La ciencia avanza conforme las altas cúpulas de la sociedad se lo permiten. Desde financiamientos militares que impulsan la investigación hasta protocolos que buscan revertir los impactos negativos en el medio ambiente, la práctica científica no es neutral. Siempre hay un interés social detrás. La misma ciencia que combate enfermedades, desencadena bombardeos.

El debate social respecto a la ciencia es ciertamente limitado. La mayoría de las personas cuentan con una escasa preparación para entender a la perfección la complejidad de estos temas. Los medios de comunicación, en su papel traslaticio, tienen el deber de hacer comprensible la ciencia. Desde revistas especializadas hasta series televisivas, la práctica científica en un lait-motif del cóctel mediático. Nuestro entendimiento de temas peliagudos como la genética o la biología molecular es delineado por la información que se nos provee en el periódico, la televisión o la Red. Paradójicamente, la gente aprende más de ciencia en E.R. que en la clase de biología de la secundaria.

Por eso, no es de extrañarse la oleada de críticas que recibió el científico James Watson, por sus polémicas declaraciones en el diario The Sunday Times. Watson, galardonado con el Nobel de Medicina gracias al descubrimiento de la doble hélice del ADN, defendió la idea de que la raza negra es menos inteligente que la blanca. Mostrándose pesimista respecto al futuro del continente africano, el genetista declaró que “las políticas sociales están basadas en la creencia errónea de que nuestra inteligencia es igual, cuando todas las pruebas demuestran que no es así”.

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Escrito por Pepe Flores

1 Diciembre 2007 a 9:00 pm

Escrito en Ciencia