Desmemorias de la edición rápida
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Gran parte del estilo del escritor se debe al modo en que produce. Con el tiempo se ha dado un cambio de la herramienta principal de la escritura. La pluma, antiguo blasón del escritor, parece haber sido relegada a las tareas académicas tempranas y a los apuntes rápidos. En la actualidad, no hay músculo carpiano que resista el constante embate de las líneas sobre el papel. Esta escritura es considerada obsoleta, retrógrada y fatigante. Utilizar la pluma nos obliga a ir más lentamente, lujo que pocos pueden permitirse. La técnica manuscrita es empleada por los excéntricos y conservadores, quedando casi relegada a los libros de Historia.
Con el paso del tiempo llegó la máquina de escribir. Adquirimos velocidad para plasmar los pensamientos. Mientras que la pluma nos permitía la libertad de masticar [y regurgitar] las ideas, la mecanografía hizo de la escritura un proceso mucho más lineal. Atrás habían quedado las libertades de tachar y remendar al momento de escribir. La máquina significó un menor cansancio a la hora de producir, pero la edición seguía siendo una tarea fastidiosa. Había que escribir, corregir, reescribir, corregir nuevamente y continuar el proceso ad infinitium. Existían dos, cinco, cien borradores previos a la versión final. Con pluma o máquina de escribir, los textos tenían la capacidad de renacer completos, siendo reescritos cuantas veces fuese necesario.
El ordenador aceleró el proceso de la edición. La corrección de un texto es posible al momento de la creación, sin necesidad de tachaduras, enmendaduras ni versiones de prueba. El milagroso botón de borrado elimina cualquier errata sin dejar testimonio de su existencia. Ventajoso pero traicionero. La memoria del escritor es dañada por la tecnología de la edición rápida. Mientras que los borradores son testigos mudos de una metamorfosis literaria, el archivo de texto tiene la cualidad de cambiar sin dejar historial negativo. Sin esta antología de errores cometidos, conocemos únicamente el hoy y el ahora de un texto, pero no sus antecedentes. Reescribir en computadora elimina la posibilidad de la comparación previa. Quise comprobar esta tesis pero me fue imposible: edité este texto mientras lo iba escribiendo.
*Texto originalmente publicado bajo el título “Pluma, máquina y ordenador” en la columna Tecnocracia, ejemplar 202 de La Catarina, abril 2007.