
Si está leyendo esta primera línea significa que, al igual que yo, usted también sobrevivió al Gran Colisionador de Hadrones. No nos chupó ningún agujero negro. Tampoco se desató el Apocalipsis. Mucho menos nos destruyeron los strangelets, partículas de materia tan endemoniadamente extraña que ni siquiera sabemos qué carambas nos harían si existieran. No pasó nada. Una lástima para los que apostaron por el fin del mundo. Será para la otra.
El Gran Colisionador de Hadrones (LHC) es el experimento científico más ambicioso de todos los tiempos. No exagero con el lugar común: casi seis mil millones de dólares invertidos, cerca de dos mil físicos de 34 países, y cientos de universidades trabajando en sinergia para su construcción durante casi veinte años. El LHC consta de un cilindro de 27 kilómetros de circunferencia enterrado a 100 metros debajo de la frontera franco-suiza. A través de este ducto viajarán dos haces de protones a una velocidad cercana a la de la luz, los cuales colisionarán para reproducir condiciones parecidas al Big Bang. El resultado del experimento permitiría confirmar (o refutar) algunas predicciones del modelo estándar de la física, además de desvelar la probable existencia del bosón de Higgs, una partícula hipotética que explicaría la forma en que operan las fuerzas nuclear fuerte, nuclear débil, electromagnética y gravitatoria. Una teoría que unifique, de una vez por todas, (casi) todo.
No obstante, este experimento – que parece más argumento digno de una cinta de ciencia ficción veraniega – ha desatado el temor de muchos. No faltaron los agoreros que predijeron el fin del mundo para este 10 de septiembre, fecha en que se realizaría la primera prueba del LHC. La posibilidad de crear un agujero negro con la colisión, el surgimiento de materia extraña de comportamiento impredecible y otro sinnúmero de fantásticas aberraciones se disiparon cuando el miércoles pasado (un cabalístico 10/09/08, curioso juego a manera de cuenta regresiva) no sucedió nada durante la prueba inicial del mecanismo, salvo el primer paso del esfuerzo máximo de la Historia por hallar uno de los santos griales de la ciencia moderna.
En el peor escenario posible, el bombardeo de partículas crearía un microagujero negro de 25 femtogramos, algo tan insignificante que incluso es diminuto comparado con un protón. Esta dantesca amenaza tardaría tres billones de años en consumir un solo gramo de materia. Así que duerma tranquilo, mi querido lector, que la ambición de los físicos no ha abierto aún la caja de Pandora. Ya veremos este 21 de octubre, día en que el Gran Colisionador de Hadrones reproduzca el escenario primigenio del Big Bang, si la comunidad científica consigue tocar el cielo con las manos o su excesiva soberbia nos condenó a la destrucción mundial.
Mientras tanto, ¡que corran las apuestas!

Pero como se te ha ocurrido el título de este post… Me he reido un rato….
Saludos
Confieso que no es idea mía. Lo saqué de una imagen que circula en la red con la leyenda homónima. Y sí, está para desternillarse de la risa
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Hum… como le explican al Dr. Chan, el tipo de colisiones que el LHC crea son comunes, suceden todo el tiempo en la naturaleza… lo interesante es que será la primera vez que lo creen los humanos.
PHD Comics
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Y también tenéis que leer este enlace:
http://quegrande.org/countdown/
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Exacto, muy recomendable la serie de ‘Tales from the road’ de PHD Comics. Para los interesados, la liga al primer cartón:
http://www.phdcomics.com/comics/archive.php?comicid=1066
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@ Pepe Flores:
Precisamente a esas me refería pero no sé que hice que puse el enlace mal.
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