No tengo ni idea de cómo ocurrió. Hasta hace un par de minutos, el panorama era negro, negrísimo. Quince [mi querido iPod Touch] no encendía. Por la mañana, cometí la imprudencia de dejarle dentro del baño mientras me duchaba. A mí me gusta bañarme con agua caliente, como para hervir pollos, así que imaginarán la cantidad abrumadora de vapor de agua en la habitación. Y mi iPod, ahí.
Una hora después, cuando llegué a la universidad, lo saqué de mi bolsillo para tuitear como todos los días. Pero algo andaba mal. La pantalla del aparato sólo mostraba una manzanita blanca intermitente, indicio claro de que se estaba reiniciando cada medio minuto. Forcé el apagado para evitar un daño mayor. Pero no volvió a prender. Por más que mantuve presionado el botón de encendido, la pantalla seguía sin responder.

Busqué en la red qué se puede hacer en estos casos, y descubrí que el iPod tiene un sensor para consultar si existe daño por agua. Está al fondo de la entrada de los audífonos, y funciona a manera de prueba de embarazo: si está en blanco [o azul], no pasó nada; pero si toma una tonalidad rosada, ya te cargó el payaso. Lo malo es que se necesita una lamparita para ver el sensor, y no acostumbro cargar una en mi mochila. Así que, presa de la incertidumbre, debia esperar a que terminara mi clase de Diseño Editorial para corroborar el daño.
Publiqué mi consternación en Twitter y no tardé en recibir muestras de apoyo. Mankod me pasó el dato de un buen servicio de reparación de productos Apple, y Don Pato me desmintió sobre la calidad de otro. Ya resignado a tener que mandar a arreglar mi iPod, seguí buscando información. Por azares del destino, me topé con el famoso discurso de Steve Jobs en una graduación de Stanford. Me llamó la atención un fragmento en el que habla sobre las pérdidas:
Nadie quiere morir. Incluso la gente que quiere ir al cielo, no quiere morir para llegar allá. La muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha escapado de ella. Y es como debe ser porque la Muerte es muy probable que sea la mejor invención de la Vida. Es el agente de cambio de la Vida. Elimina lo viejo para dejar paso a lo nuevo. Ahora mismo, ustedes son lo nuevo, pero algún día, no muy lejano, gradualmente ustedes serán viejos y serán eliminados. Lamento ser tan trágico, pero es muy cierto.
Después de leer el discurso, me quedé extrañamente tranquilo. Perder un iPod no es gran cosa. Signfica, como todo cambio, una pérdida y una ganancia. Me puse a pensar en cuán fácil me hace la vida tener la facilidad de entrar a Internet desde [casi] cualquier ubicación, pero que, después de todo, es sólo un aparato. Tomé a Quince, traté [infructuosamente] de ver el sensor, y presioné el boton de encendido. Y prendió. Así, de la nada, sin explicación lógica.
No, no les estoy achacando ningún milagro a San Steve Jobs. Es muy probable que el daño por agua haya sido mínimo. O inexistente. Es más, no sé si vaya a tener consecuencias a futuro en el funcionamiento del aparato. Tampoco quiero dotarle de voluntad propia a mi iPod. Sólo quiero destacar que, de vez en cuando, es importante recordar que los aparatos son sólo aparatos. Aunque, por un mero sentido de mantener la poética de la situación, no veré de qué color es el sensor de daño. Creo que la inexplicable catalepsia de Quince lo merece, por esta ocasión.

Pues aguas porque la etiqueta esa si cambia de color se anula tu garantía porque le cayo agua, a mi me paso con mi celular le cayo un poco de chela, todo normal pero al otro día ya no prendió y no aplico mi garantía porque la etiqueta había cambiado de color (si cambia de color ya no vuelve al anterior).
entonce ten cuidad y mejor deja que se seque bien tu ipod antes de encenderlo de nuevo
saludos
No fue milagro, ese tipo de aparatos funcionan bien cuando se secan. ¿nunca se te ha caído un celular al agua? Le quitas la batería, (y no lo forzas a encender ni apagar) y esperas a que seque. Cuando ya está seco se la pones y enciende como si nada.
Por cierto, los místicos españoles si añoran la muerte, te copio un Fragmento de Santa Teresa. Mi fundador, Fernando Rielo, también deseaba morir para ir al cielo
Santa Teresa de Ávila (1515-1582)
Vivo sin vivir en mí
Vivo sin vivir en mí,
y de tal manera espero,*
que muero porque no muero.
Vivo ya fuera de mí
después que muero de amor;
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí;
cuando el corazón le di
puse en él este letrero:
que muero porque no muero.
Gracias por ambos consejos. La bronca con quitarle la batería a un iPod es que removerla es una tarea titánica. Creo que eventualmente le checaré el color del sensor de daño por agua, por si las moscas.
Los aparatos son solo aparatos.
Creo que sólo lo dices por que al final si prendió. Imagina que hubiera sido tu computadora, o tu celular o tu coche el que hubiera tenido problemas con el agua. Las cosas son sólo cosas pero hoy en día esas cosas definen las actividades que hacemos, como nos sentimos y ciertamente no hay que menospreciar su importancia y valor. Por algo les ponemos nombres.
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Si, los aparatos son sólo aparatos. Pero como duele cuando se mueren con toda tu información a dentro…
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Créanme que entiendo bastante bien mi afirmación de los aparatos son sólo aparatos sobre todo porque, después de todo, soy un fenomenólogo enfocado a los estudios sobre la tecnología. Me parecía bien hacerlo explícito. No lo digo únicamente porque prendió: cuando me robaron mi computadora me llegué a la misma conclusión.
No hay que menospreciar el valor de la tecnología como una herramienta. Pero, precisamente, el punto radica en no perder de vista su dimensión de instrumento. En un sentido más teórico, la tecnología es una extensión de nuestros sentidos y capacidades [una computadora, por ejemplo, es una extensión de nuestra memoria, al mismo nivel que un libro o una libreta]. Cuando se pierde esta extensión, sucede lo que McLuhan llama un ‘proceso de cierre’: el ser debe reacostumbrarse a sus capacidades no potenciadas, pero no pasa nada.
Importantes, sí. Definitorios, por supuesto. Y antropomorfizarlos [ponerles nombre] no es más que otra relación humano-técnica dentro del continuo [de alteridad, para ser específicos]. Recomiendo – si algún lector se interesa en el tema – iniciar con el manifiesto cyborg de Donna Haraway [o wikipediarlo, cuando menos].
Pero, a pesar de su papel trascendental, recalco: los aparatos son sólo aparatos.
Ese discurso de Steve Jobs es uno de mis favoritos, sobre todo porque tuve la oportunidad de ver al Sr. Jobs en vidéos anteriores y el cambiazo es completamente notable: su filosofía de vida es completamente distinta (creo que por eso podemos gozar de aparatos como tu grandioso Quince).
Por cierto, al final hay una frase que es el broche de oro: Stay hungry, stay foolish.
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@Pepe Flores: Jajaja yo lo sé, son herramientas y a pesar que convivo con ellas siempre, nunca le he puesto un nombre a alguna… pero yo sigo insistiendo: como duele cuando se descomponen con toda tu información almacenada. Retiro lo de muerto y adentro.
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Nunca se me ha dado eso de ponerle nombre a las cosas… Será que soy demasiado sensato para mi propio bien… X]