“Entregar becas a estudiantes embarazadas es motivar que el niño o la jovencita con deseos de participar sexualmente, pues haga sus cositas, al cabo al final se le beca, se le premia, cuando lo que deberían de hacer es castigarle. Porque hay padres de familias que a veces aceptan esa beca, porque son 600 ó 700 pesos y eso contribuye al gasto familiar, lo cual les resulta muy conveniente porque compran un litro de leche y un biberón y ahí se la pasan cuidándoles las criaturas.”
Nardo Torres de la Garza, jefe del Sector 7 de Educación Primaria de Nuevo León, sobre las becas a embarazadas.

Estoy de acuerdo.
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¿Qué?
¿Pero no negar estas becas sería condenar a muchas(os) estudiantes a dejar la escuela para mantener a su recientemente adquirido engendro? y con ello, ¿no se estaría condenando al recientemente adquirido engendro a tener una futura vida con menor calidad de la que un/una padre/madre educado(a) le podría ofrecer?
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Me parece que el error del interlocutor de la frase es de orden lógico. La beca es consecuencia del embarazo, no causa. Es como si alguien fuese tan imbécil como para quedarse parapléjico para cobrar un seguro que le amortizará el costó de un frasco de aspirinas. “Claro, ¿qué tal si tienes un hijo para que nos de 600 pesos al mes? Sería el fraude del siglo”.