Archivo para Enero 2009
Crónica de un segundo capítulo (VII): Primer deadline
Bitácora de tesista, el día después de la primera revisión.
Supongo que, a estas alturas, ya estarán un poco hartos de leer sobre cómo avanzo lentamente en mi tesis. En esta última semana le he tomado cariño al asunto. Pasé las noches del lunes y el martes enclaustrado en la sala de cómputo de Negocios, y el miércoles en un frenesí de escritura en el Centro Tutorial. Son buenos lugar para trabajar: lo suficientemente tranquilos como para chambear apaciblemente, y lo necesariamente incómodos para mantenerte despierto. También aprendí que es mejor escribir a espacio sencillo, para después darme la sorpresa de ver que realmente hice más páginas de lo que supuse. Al final terminé entregando nueve, de las cuales, siete valen la pena y dos son rescates de intentos fallidos anteriores que me dio cosa borrar.
Ayer por la tarde-noche tuve una reunión con mi director de tesis, y parece que el capítulo dos marcha relativamente bien. A pesar de que me falta escribir la otra mitad, este capítulo podría quedar listo (¡oh, musas, ilumínenme!) en menos de un par de semanas. Tengo que ponerme a pensar en la manera en que el jugador constituye el mundo del juego (ignórenme si parece que hablo en chino), y ya tengo un par de especulaciones en la mente. Pero por si las moscas, tendré durante la próxima semana unas dosis de Guitar Hero para afinar los pensamientos. ¡Mínimo, caray!
Ésta fue una semana de ver hacia el futuro. Siempre me he planteado la posibilidad de ingresar a un posgrado, pero nunca me había puesto a aterrizarlo. Xime tuvo la gran ocurrencia de armar un calendario en el que apuntamos las fechas importantes en pos del sueño americano académico: ella a Georgetown, yo a donde me acepten (aunque le sigo tirando altísimo, a Cornell, Harvard o el MIT, quien quita es chicle y pega). Pero para todo hay que dar pasos antes de alcanzar la meta. El primero: presentar el TOEFL. Necesito una calificación de 100 en el iBT (Internet-based test), y aunque sí me siento capaz de alcanzar la cifra, me estoy poniendo a estudiar. Tengo mis broncas en eso del speaking, pero espero que estas semanas de talacha corrijan los defectos mayores. También tengo que ayudarme con la escritura, así que, con la venia de los lectores, es posible que esporádicamente aparezcan entradas en inglés. Nadie dijo que esto no exigiría sacrificios.
Todo sea por el bien ulterior.
Hoy puedo dormir tranquilo
Sí, señores.
Hoy puedo dormir tranquilo.
Puedo irme a la cama con la seguridad de que nada me pasará. Ni a mí, ni a mis seres queridos.
Sí, señores. Hoy mi país duerme tranquilo.
Porque hay alguien allá afuera. Alguien que no le teme al fragor de la batalla. Alguien que, por más peliagudas que se pongan las cosas, siempre le pondrá el pecho a las balas. La única persona a la que le confiaría mi bienestar sin rechistar.
Sí, señores. Él nos cuida.

Gracias, Tabcin. México está en deuda contigo.

[Y gracias al ocio tesis de Ximo por hallar la chamba de medio tiempo de Tabcin]
Crónica de un segundo capítulo (VI): Sin margen
Bitácora de tesista, t menos tres días
He (re)descubierto que el tercer piso de la biblioteca es un lugar muy cómodo para trabajar. Quizá más cómodo de lo que debería. Y es que después del sopor de una buena comida (sobre todo de Fonda Pachis), los sillones morados incitan a echarse un coyotito. Por fortuna yo he resistido estoicamente al impulso de quedarme bien jetón, y entre miércoles y jueves, redacté unas cuatro páginas a la par de sendas siestas vespertinas de Xime. Sí, seguimos con nuestro infructuoso intento de hacer tesis juntos. Con orgullo puedo presumir que, en esta ocasión, yo he sido el más responsable del equipo. Creo que es momento de contemplar mudarnos a la sala de cómputo de Negocios.
No hay más novedades. Durante el fin de semana no escribí. El viernes hubo salida al karaoke, el sábado fue la fiesta de bienvenida de Xime (¡bue-ní-si-ma!), y hoy quedé fundido por la tradicional reta dominguera. Fue un gran fin de semana, en general. Pero ahora sí, ya no hay margen de error. El jueves debo presentar avances sustanciales del capítulo a mi director, y no creo que cuatro páginas signifiquen mucho. Habrá que presionarle más (¡mucho más!) al acelerador y dejar fluir las palabras. Mañana me sentaré a trabajar por la noche hasta que el cerebro diga ¡basta! No sé cuánto me vayan a rendir las neuronas (ni la inspiración) pero tengo por seguro que al menos tendré dos horas de tiempo efectivo de trabajo. O lo que dure una clase de Krav Maga.
Mi amigo Enrique
Enrique Doger me añadió como amigo en Facebook. Para los que no estén familiarizados con el personaje, él fue Presidente Municipal de Puebla de 2005 a 2008 y otrora rector de la BUAP. Su perfil no brinda mucha información, salvo su trayectoría académica/política, que nació un 19 de agosto de 1957, y su afiliación partidista (PRI).

¡Saluda a los lectores, Quique!
No soy fanático de tener figuras públicas en los contactos de Facebook nomás porque sí. Si acaso, confieso haber agregado un par por puro estoqueo (y estar tentado a añadir a Ana María Salazar), pero hasta ahí. No me opongo a contactar gente que uno conoce por un programa de radio/blog/whatever, siempre y cuando sea con la intención de entablar una comunicación real. Ése es el chiste de las redes sociales, pues. Pero coleccionar contactos como si fueran cromos de álbum nomás para presumir que lo tienes en el Hi o en el Face se me hace medio chafa. Y ya ni les digo de los que suplantan la identidad de celebridades. Guácala.
Ignoro si Doger creó su perfil de FB o es parte de una estratagema below the line de algún mercadólogo que le asesora. Digo, después de todo, es un eternísimo suspirante a la gubernatura del Estado y eso del Internet está de moda entre los chavos. No sé aún si aceptar su solicitud. La verdad es que no estoy con ánimo de verme anegado de invitaciones a mitines. Además, ¿para qué quiero a ese Enrique si el que yo conozco tiene 1,235 amigos (y contando)?

¡Saluda a los lectores, Quique!
Sopapos para no lamerse las heridas
Hoy tuve uno de mis típicos momentos de depresión. A decir verdad, ahora no recuerdo a ciencia cierta el porqué se desencadenó tan abruptamente. Fueron múltiples factores, supongo. Lo que sé es que venía saliendo de la sala de cómputo de Negocios, y el mundo se me vino para abajo. Puf, así, sin avisar.
Por fortuna, estaba con Xime. Ella es mi mejor amiga, a quien quiero como a una hermana (y por suerte, el sentimiento es mutuo). Tenemos muchas cosas en común, y en general, somos como uña y mugre. Es alguien a quien admiro mucho, y probablemente, de las poquísimas personas con las que puedo pasar todo el día juntos – actually, we do. Pero bueno, no me desviviré en más elogios porque más ego es lo que menos le hace falta
El problema es que me acercó a los 23, y en retrospectiva, sentí que hay muchas cosas que me han faltado, como viajar, entablar una relación, o independizarme más. Sí, académicamente no discuto que tengo un palmarés respetable, pero cambiaría algunos (¡muchos!) de esos logros por otro tipo de experiencias. A veces me gustaría contar en lugar de sólo escuchar. Y así, con los ojos chiquitos y anegados, le conté a Xime las razones de mi súbita tristeza.
No me apapachó, ni me solapó. Sólo me dijo, con toda la seriedad del mundo, que dejara de tener autocompasión de mí mismo. “Deja de lamerte las heridas”, citó a su madre. Es curioso cómo a menudo se necesita de un buen regaño, un grito a tiempo. O también, que le refresquen sus propias palabras. “Puedes seguir quejándote, y yo te escucharía, porque para eso estoy, o puedes ahorrártelo porque al final terminarás haciéndolo”, le dije a Xime hace un par de días cuando se enfadó por la convocatoria de delegados juveniles de la ONU. “Puedes seguir quejándote, y yo te escucharía, porque para eso estoy, pero nada va a cambiar hasta que decidas cambiarlo, ¡así que haz algo!”, me dijo antes de despedirse.
En este momento me siento aliviado, porque me recordaron que lamentarse no sirve de nada. Y aunque parece la conclusión más simple, a veces necesitamos de un amigo que nos la haga evidente. Los grandes amigos no son lo que prenden una vela cuando la oscuridad nos rodea, sino los que nos enseñan a encender un fuego por nuestros propios medios. Porque a menudo nos reconfortaría más un abrazo, pero la sabiduría fraternal comprende que lo que realmente nos hace falta para reaccionar es un buen sopapo.
Crónica de un segundo capítulo (V): Desde cero
Bitácora de tesista, día cinco/seis/siete (whatever!)
Disculparán que les haya dado el cortón. El domingo y el lunes fueron, en términos académicos, días de lo más improductivos. Hasta vergüenza me dio escribir un reporte sobre cómo no tuve avances. Por fortuna, en otras áreas me ha ido bastante bien. Es una especie de fase de recombobulating que me tiene en el mejor de los humores. Pero ajá, ¿qué ha pasado con mi tesis, pues?
El lunes, mi director de tesis me respondió el correo con algunas aclaraciones que le envíe durante el fin de semana. No obstante su visto bueno, sentí la necesidad de ir a hablar con él. Así que hoy, después de chutarme la toma de posesión de Obama, me lancé a su oficina. Me recibió bienamable como siempre, y le expuse varias de mis dudas (¡además, por supuesto, de pedir una extensión!). Al final de la discusión, me pidió que parara de leer y me pusiera a escribir. “Tu mente es como un auto a ocho mil revoluciones. Debes aprender cuando bajar la velocidad. Escribe.” Así de simple: abrir el grifo y dejar que todo fluya, que el orden llegará después.
Le hice caso. Después de una comilona en el Tiki, me fui a la Biblioteca a trabajar. Releí lo que llevaba y, sin pensarlo, abrí un nuevo documento. Comencé desde cero, pero a veces así tiene que ser. Copiaré y pegaré algunas cosas; otras de plano las reescribiré. Así, con más mesura, empezaré a hacer lo que debí desde un principio: escribir en qué pienso, no pensar en qué escribo. Y extrañamente, creo que con la semana extra de prórroga me bastará para hacerlo.
Paciencia de santos, mis estimados lectores. Volvemos a la programación habitual.
Crónica de un segundo capítulo (IV): Cuatro horas
Bitácora de tesista, día cuatro.
Cuatro horas. Cuatro pinches horas tratando de escribir el capítulo y el cerebro no me carburó. Por la mañana le escribí otro correo a mi director de tesis, explicándole qué quería decir con mi afirmación mafufa de ayer. La reformulé y quedó algo como que en los medios, el usuario construye su ser a través de lo que ve; en tanto que en los videojuegos, el usuario experimenta (condicionado por sus sentidos y la tecnología, pero de manera interactiva) varias versiones de sí mismo. Bueno, creo que para el caso salió igual. El resto de la mañana la pasé en una plática de Messenger de un compa que se interesó en el tema y en releer, releer, releer. Bueno, hasta encontré un ejemplo de Michel Callon que había pasado por alto en el capítulo uno.
Por la tarde salí a comer con mi jefecita, en compensación a que no la pude acompañar al cine porque hubiera significado renunciar a hacer tesis hoy. Cuando me desocupé, me lancé a la sala de cómputo de Negocios a darle átomos. Y así, de seis de la tarde a diez de la noche, me la pasé devanándome continuamente los sesos. Releí detenidamente un texto de Don Ihde (fun-da-men-tal) y me di cuenta que lo que propongo él ya lo dijo (y mejor). Luego entré en uno de esos momentos inoportunos de embrollo mental y a duras penas salí de mi lapsus brutus. El resultado: reescribir completamente mis magros avances y hacer un par de páginas más. Me doy vergüenza. “También, pa’ que te escoges ese tema”, me dice Joey. “Que termines tu tesis no está en tela de duda”, dice Xime. Me gusta pensar que no le estoy poniendo el suficiente ahínco (sí, soy retegüevón cuando no debería), porque la otra alternativa es que no me alcanzan las neuronas. Snif.
En fin, ahorita hay una fiestecilla en Cholula con la banda literata, y el guateque promete. Y aunque sé que debería relajarme un poco, no puedo. Pero sé que si me quedo acá tratando de trabajar, dificilmente avanzaré más. Imploro, desde lo más profundo de mi corazón, que la inspiración me golpeé entre chela y chela. Aunque, con eso de que no tomo, se antoja complicadísimo. Bueno, cuando menos irá una a tu salud, tesis.
Crónica de un segundo capítulo (III): Palabras de aliento
Bitácora de tesista, día tres.
No sé si productividad sea la palabra adecuada. Hoy superé mi bloqueo, y eso es de aplaudirse. Clap, clap. De la nada, todo tenía (un poco más de) sentido. Rápidamente corrí a abrir el blog, porque cuando se me ocurre una buena idea, eso es lo que hago. Intenté escribirlo como una entrada, pero mejor lo copié y pegué en un documento de texto. Terminé la estructura general del capítulo dos, y contento con el resultado, se lo envié a mi director de tesis para que lo evaluara. Por la noche leí su respuesta, de lo más inspiradora:
Gusto saber de vos y de que seguís avanzando. Como bien sabés, mientras yo esté con mi tesis, no andaré persiguiéndote para que avances en la tuya. Pero cuando termine…
También me mandó varios comentarios que tendré en cuenta (tengo que releer unos textos de Bruno Latour y de John Law as soon as possible). En fin, el resto de la tarde lo gasté en grabar un reportaje para el programa de radio de mañana. Después, cuando el sol ya iba pa’bajo, me fui al Punta del Cielo de Container (¡oh infidelidad!) con Xime. La charla estuvo buena (como siempre), y aprendí a escribir mi nombre en hebreo. Luego nos regresamos para la uni, y héme aquí, casi a las diez de la noche en la sala de cómputo de Negocios, pasando una agradable velada rompiéndome la cabeza tratando de recordar qué quería decir con que los videojuegos potencian la capacidad de experimentar (e intervenir) diferentes realidades, no sólo de epistemológica, sino ontológicamente.
¿Ideas, gente?
Hugo, el cursi
Interrumpo las crónicas de mi tesis para una bocada de aire fresco. Hoy, el buen Jero me mostró que el diario deportivo Récord ya tiene sitio web. Enhorabuena. Entre las muchas curiosidades del portal, hay una sección que se llama Las rolas del Chá, y me topé con esta parodia del video de Quiero que me quieras, que interpreta Gael García en la cinta Rudo y cursi. De diez.
Epa, machos, pues me voy a seguirle dando.
Crónica de un segundo capítulo (II): Sin avances
Bitácora de tesista, día dos.
Hoy no voy a hablar de tesis. No, señor. La razón es simple: no hubo avances. Ni siquiera tuve la oportunidad de abrir la computadora (o siquiera un libro) hasta el momento de redactar estas líneas. Por la mañana me fui al gimnasio. Estuvo tranquila la sesión. Al mediodía, me lancé a la uni porque tenía una junta para la planeación de un taller de diseño de proyectos universitarios. Antes de la reunión, pasé a Correos y vi que me llegó un libro desde Israel. Plato and Paltypus walk into a bar: understanding philosophy through jokes. Caramba, y yo que había malvibrado ayer a Xime porque según no le interesa lo mismo que a mí.
Saliendo de junta me interceptó Abril y fuimos a echar el café al Punta del Cielo, donde nos alcanzaron Becks y Gus. Para completar el cuadro, se nos unió Xime. De ahí, nos lanzamos a buscar un lugar para comer, y tras recorrer media Cholula, terminamos en el Comedor de la universidad. Así me dieron las cinco y media. De ahí, Xime y yo nos fuimos a comprar artículos varios al Office Max. Ha sido lo más divertido del año, so far. Estábamos cono en una escena de la película indie: la mala iluminación de los anaqueles, la música de fondo, y la búsqueda [casi] infructuosa de un adhesivo. Tardamos las horas en la macropapelería, pero estuvo entretenido. Luego hubo junta de reclutamiento de La Catarina. Mi última junta. Después de decidir quiénes ocuparán los puestos de Consejo Editorial que quedan vacantes, me despedí. No puedo sino dedicar cuando menos una línea a decir que ha sido un honor trabajar codo a codo con ustedes, muchachos.
Nueve treinta. Fui a la sala de cómputo de Negocios para despedirme de Xime, pero terminamos leyendo las noticias del conflicto en Gaza (otro ataque más a Be’er Sheva
), viendo fotos en el Facebook y reconfigurando su adaptador de red inalámbrica. Salí a las once de la noche de la universidad. Todavía me invitaron a ir a escuchar jazz al Anónimo, pero estaba fundido. Aún así, le di aventón a unos cuates y pasé a dejar a Xime a su casa. “¿Sabes? Tengo la impresión de que esto no va a funcionar”, le dije. Ella asintió. “Hay cosas para las que somos radicalmente diferentes”, pensé. Así fue como nos dimos cuenta que no vamos a avanzar mucho en la tesis con nuestro plan de trabajar juntos. “Podemos estar en mesas separadas”, le sugerí. “Sí, y salirnos a tomar un café durante algún break”, añadió. Nos despedimos y quedamos de vernos mañana en la Biblioteca, en algún momento del día.
Hasta entonces, lectores.
Crónica de un segundo capítulo (I): Miércoles de fiasco
Día uno, bitácora de tesista:
El primer miércoles de tesis fue un fiasco. Cuando llegué al mediodía a la Biblioteca, sólo estaba Lulú. Me quedé media hora, porque después acompañé a Xime a abrir una cuenta bancaria que finalmente no abrió ¬¬. Regresamos a trabajar y yo me puse a releer lo escrito y a reestructurar el orden del segundo capítulo. Que de la nada nos dan las tres y pico de la tarde, y nos lanzamos a comer a Fonda Pachis. Yes ma’am, you can’t go wrong with Pachis!
Regresamos al trabajo a las cinco de la tarde. Nos fuimos a la Sala Canadá y alcancé mi cénit tesístico del día: reescribir la introducción de mi capítulo dos. Después, me enfrasqué en una lucha interminable por saber cómo encuadrar unos conceptos de Johan Huizinga sobre el juego para explicar las relaciones de alteridad con videojuegos (¡n’ombre, y todavía me falta Roger Caillois). Al final, creo que lo logré, pero conociéndome sé que mañana releeré y modificaré lo que puse. Total que acabé en una acalorada discusión con Xime sobre el ensayo de narcoterrorismo que debió haber entregado hace dos semanas. Mejor decidimos pararle ahí e ir a ver (para mí, por tercera vez) Rudo y Cursi.
Después me puse de malvibroso. No es que se me dé mucho, pero ya estaba un poco hasta la madre. No es que me choque hacer tesis, es que me molesta no tener con quién conversar. A veces me tardo tanto en explicar lo básico que termino no profundizando en mis ideas recientes, o simplemente pasa que a poca gente le interesa discutir sobre la fenomenología de los videojuegos. De este modo, siento que mi proceso de razonamiento se frustra notablemente y me ahogo en mis propios pensamientos. El problema de no encontrar quien le halle relevancia al tema es que, poco a poco, mengua el interés propio, aunado a la impotencia de no hallar las soluciones. Pobre Xime, hoy le tocó aguantar unas de mis peores versiones (bueno, una de cal no le hace daño). Afortunadamente, fue sólo una fase de negación temporal que se curó después ver la película. El propósito de mañana es meterle al acelerador y escribir de tres a cinco páginas. Sin prisa, pero sin pausa. Bueno, con prisa también.
Miércoles de tesis (y lunes, y martes, y jueves…)

Ayer recibí una invitación a un grupo de Facebook de tesistas de Comunicación. Lo mejor es la iniciativa del miércoles de tesis. La idea es que los suscritos al grupo nos reunamos en el tercer piso de la Biblioteca al mediodía para trabajar hasta que el cuerpo aguante. De este modo, nos echaremos porras y consolaremos entre todos (ya saben, como una reunión de Alcohólicos Anónimos). El punto es que terminemos (¡sí se puede, sí se puede!) la tesis para este semestre.
No sé si lo que necesite sea un grupo de ayuda, pero a estas alturas cualquier ayuda se acepta. Por lo pronto, yo tengo proyectado terminar mi (eterno) capítulo dos para el miércoles 21. Tengo las ideas embrolladas, pero no hay opción: o queda, o queda. Ya le escribí a mi director de tesis, y aunque me tranquilizó remarcándome que las investigaciones marchan a su propio ritmo (“God works in misterious ways“, me dijo), siento que ya fue suficiente tiempo. Si quiero cumplir mi propósito de tener la tesis acabada a inicios de abril, necesito presionar el acelerador. Así que guárdenme lugar en los miércoles de tesis. Y en los lunes, los martes, los jueves…
De las bondades de la precognición

No sé cómo llamarlo. Algunos dicen que es magia. Yo, que prefiero las palabras mamonas, lo llamo precognición. La noche del viernes, un amigo mío sufrió una decepción etílico-amorosa. Achicopalado, se enfiló a dormir bien entrada la madrugada. Las cinco de la mañana, para ser preciso. En ese momento, recibió una llamada teléfonica. “¿Quién chingaos marca a esa hora?”, pensó. Por pura curiosidad, echó un vistazo al identificador. Era una amiga suya. “Debe pasarle algo”, intuyó, y contestó la llamada. No, todo en orden. Resulta que la chica en cuestión estaba en una graduación, y se le ocurrió marcarle porque escuchó a los mariachis tocar una canción que le recordó a mi cuate.
La llamada, sobra decir, fue muy reconfortante para mi amigo. Aprovechó para agradecer el gesto (¡a pesar de la hora!) y desahogarse platicando. Hoy me topé a esta morra (amiga mía, también) en el Messenger y le pregunté sobre el suceso. “No sé. Creo que sólo sentí la necesidad de hacerlo. Es más, tenía el teléfono apagado”, me respondió. Supongo que todos tenemos alguna anécdota de este tipo. Pequeñas coincidencias que nos alumbran en los momentos oscuros. Instantes de sentido arácnido en los que sentimos la imperiosa necesidad de contactar a alguien, sin saber el porqué, por mero impulso. Coincidencias asombrosas que alivian penas y arrancan sonrisas. Son momentos mágicos, dicen algunos. Yo, que prefiero las terminologías más elaboradas, sólo espero que sigamos disfrutando de las bondades de la precognición.
Recomendaciones de la minibitácora [4 - 10 enero]
Es fin de semana y llegan las recomendaciones de la minibitácora. Sin mayor preámbulo, el cóctel semanal de enlaces para los adictos a la información.
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El conflicto de Gaza llega a los estadios. Ocho personas que inspiraron palabras embarazosas. Las 10 computadoras más malvadas del cine. 20 episodios esenciales de House, parte uno y parte dos. Devuélveme el riñón, me partiste el corazón. El IMSS se lleva el premio al trámite más inútil. Obama aparecerá en un cómic del Hombre Araña. Una colección de frases del mandato de George W. Bush. La mente de un genio autista, explicada por él mismo. Buscan beatificar a (San) Carlos Abascal. Los 20 desastres de Photoshop más grandes del 2008. Un actor casi se suicida por error en el escenario. Hugo se siente listo para dirigir al Real Madrid. Rotterdam tiene un alcalde musulmán.
Deudas de twitter, deudas de honor

Fue una suerte que apostara a favor de Baltimore. Ayer un cuate preguntaba dónde jugaba Joe Flacco. “Con los Ravens”, respondió otro amigo. Se me quedó grabado el nombre. Flacco, háganme el favor. Hoy, en el Twitter, David Taboada (aka Katalink) preguntó quién era nuestro favorito entre Baltimore y Tennessee. “Cuervos“, respondí casi por reflejo. David y yo apostamos que el perdedor dedicaría una entrada al ganador. Sintonicé un rato el partido, lo suficiente para ver la anotación de los Titanes. Después apagué el televisor, pensando en que tendría que dedicar un post más tarde. Deudas de twitter son deudas de honor.
Pero Joe Flacco lo hizo. El partido terminó 13 a 10. Cumpliendo su palabra, David dedicó una entrada a la anécdota, y de paso, añadió una reflexión sobre el papel de las nuevas tecnologías de comunicación en la creación de lazos. Aprovecho para devolverle el favor y hacerle eco a su programa gratuito de coaching, el cual iniciará el jueves 15 de enero a las 19 horas. El programa tiene la finalidad de aprender a desarrollar el potencial de Twitter como una herramienta integral de comunicación. Los interesados sólo necesitan enviarle un mensaje a David en su cuenta, y serán cinco los elegidos para esta iniciativa. Fue una suerte esta victoria, pero más allá de la entrada dedicada, lo mejor es sin duda, descubrir que existen apuestas en las que todos podemos ganar algo.
Ahora la pregunta es: ¿Cargadores o Acereros?