Aguirre, la panacea

Desde hace un par de días se especula que el presidente Felipe Calderón telefoneó al estratega Javier Aguirre para solicitarle que tome el mando de la Selección Mexicana. Ante la derrota de ayer en San Pedro Sula (1 – 3), es casi un hecho que el mexicano tome el lugar de Eriksson en el banquillo azteca. ¿Qué hace un mandatario involucrado a ese nivel en el fútbol del país? David Faitelson ha dado en el clavo.
Y usted se podría preguntar qué demonios hace el Presidente de la República metido en un tema de fútbol. La respuesta es sencilla: con la situación que envuelve al país, con una guerra en las calles frente a los grupos de narcotraficantes, una severa crisis económica que ha llegado por la frontera norte y la proximidad de las elecciones donde el partido en el poder ha perdido imagen, el futbol es un catalizador social al que ningún gobernante puede ignorar. Un país abatido por la situación social, económica y política puede ser, de alguna manera, rescatado por un fenómeno llamado fútbol.
Nada fuera de lo común: el pueblo mexicano ve en el fútbol, desde siempre, una válvula de escape a sus presiones, una catarsis justa y necesaria que le permite, por 90 minutos, no sentirse tan pequeño – cuando menos en el deporte de las patadas. Una cosa es dejar de ser el gigante de la zona ante Estados Unidos (que, a fin de cuentas, es el mandón del orbe); y otra muy diferente es ser humillado ante los hermanos centroamericanos, a quienes por costumbre se les ve siempre con cara de fuchi y de reojo.
“El horno no está para bollos”, dicen los que saben. A México le urgen alegrías, aunque sean simbólicas, ficticias, y en un rectángulo de césped. Porque estamos a distancia de ser un [tan cacareado] Estado fallido, pero tampoco tan lejos como para no llevarnos un buen susto. Porque el fútbol no soluciona los problemas de la nación, pero palia la amarga sensación de que nos carga la chingada. Felipe lo entiende, alza el teléfono, y le marca a Javier. Es obvio: Aguirre no es una solución, ni de la crisis del fútbol mexicano, y mucho menos de la del país. Pero a falta de medicamentos para curarnos la pulmonía (o lo que sea que Agustín diga que tengamos), cuando menos dénnos la panacea.

Pues, a mi me contó mi profesor favorito lo intimamente ligado que estuvo Salinas con la Selección durante su sexenio, pero ya se me olvidó como iba el cuento. El caso es que el futbol como herramienta política no es nada nuevo.
Denryuu
3 Mayo 2009 a 6:27 pm