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Mi ______, el candidato

El sábado pasado descubrí que tengo un tío medio lejano que es candidato a diputado. Por el PRD, pa’ variar. Iba escuchando la radio por la mañana y me topé con su spot. Cuando llegué a casa, le comenté a la familia. “Sí, yo ya sabía”, respondió la tía mayor, de ésas manufacturadas en la preguerra. “Creí que no se iba a lanzar, por ahí oí que no le habían asignado el presupuesto”, apuntó. “Ya ves, ¿por qué no le hiciste caso cuando te pidió ayuda para no-recuerdo-qué?”, me recriminó otra tía. En fin, la noticia detonó los chismorreos y el resto del desayuno familiar transcurrió entre relatos espeluznantes de política local. Al día siguiente me topé con un pendón del PVEM. Me quedé con la sensación de conocer al candidato, y tras un ejercicio de memoria, mi mente ubicó ese rostro. “¿Adivina dónde vi a M., el cuate con el que compartíamos oficina?”, le comenté a una amiga. “Ya sé, se lanzó para diputado”, respondió, “la otra vez me llamó para que lo ayudara con su campaña. Lo mandé a volar.” Aplaudí, nomás por puro impulso.
“¿Y vas a votar por alguno de ellos?”, me preguntó un amigo cuando le comenté lo de mis descubrimientos electorales. “No”, respondí tajantemente, “ninguno de los dos está registrado en mi distrito”. Ahí zanjamos la conversación, pero me quedé pensando en qué haría si pudiera elegir a algunos de los dos. La verdad es que no siento mucha empatía por los perredistas, sobre todo porque ya me perdí en la telenovela entre chuchos y demás. Aparte, se me hace de lo más chafa votar por un familiar bajo el mero criterio de la sangre – ¡diluida, además! Por otra parte, no me atrae la plataforma política del Verde Ecologista (y a decir verdad, Raúl Araiza se me hace un actor malísimo) así que tampoco le voy a los verdes. Es más, yo digo que si no hay buenos candidatos, que me los paguen.
Siempre critiqué en las elecciones de mi universidad que la mayoría de los estudiantes votaran por su cuate, su conocido, su compañero de banca. Ahora que lo pienso con más detenimiento, me pregunto cuántos tíos, primos, hermanos, amigos, compañeros de trabajo, amoríos, ex-amoríos, y demás conocidos están involucrados en la próxima elección. Me gustaría saber cuántos votarán por default bajo el argumento de la familiaridad y el amiguismo, aunque el candidato sea el primo del hermano del señor que no vino a la fiesta. Después de todo, ¿a quién no le gusta presumir que se lleva de piquete de ombligo con el flamante diputado? (y si se raya con algo, ¡qué mejor!). Al final, recordé a aquel cuate de la primaria que soñaba con ser gobernador. “¿Verdad que cuando me lance vas a votar por mí?”, me preguntó. “Pero por supuesto que sí”, le afirmé recreo tras recreo. Y lo sostengo. Después de todo, en el patio de la escuela, él me prometió nombrarme algún día el nuevo Secretario de Educación Pública.
Columna publicada el miércoles 10 de junio en La Primera de Puebla.
No lo dije yo, lo dijo… (LXXXIV)

“Let’s face it — Americans have had it with the post-9/11 world. Enough with the suicidal jihadists and all their “-stans” a world away. Enough with the endless occupation of a Mesopotamia divided along sectarian lines. Enough with warring against terror, which sounds more like a means than an entity or a true ideology. Can you really get any satisfaction out of wrestling with a means, instead of a subject? Mexico is so refreshingly 9/10. The fact that the bad guys there — and they are truly nasty — are not driven by religion or ideology, but are just in it for the money, is reassuringly retro. Still next door and still a mess, though not quite Pakistan, Mexico is a place Americans can always go back to, the way one goes back to basics, or the girl next door.“
- Andrés Martínez, en 2009: The Year America discovered Mexico, explicando el súbito interés mediático de Estados Unidos en nuestro país.
Aguirre, la panacea

Desde hace un par de días se especula que el presidente Felipe Calderón telefoneó al estratega Javier Aguirre para solicitarle que tome el mando de la Selección Mexicana. Ante la derrota de ayer en San Pedro Sula (1 – 3), es casi un hecho que el mexicano tome el lugar de Eriksson en el banquillo azteca. ¿Qué hace un mandatario involucrado a ese nivel en el fútbol del país? David Faitelson ha dado en el clavo.
Y usted se podría preguntar qué demonios hace el Presidente de la República metido en un tema de fútbol. La respuesta es sencilla: con la situación que envuelve al país, con una guerra en las calles frente a los grupos de narcotraficantes, una severa crisis económica que ha llegado por la frontera norte y la proximidad de las elecciones donde el partido en el poder ha perdido imagen, el futbol es un catalizador social al que ningún gobernante puede ignorar. Un país abatido por la situación social, económica y política puede ser, de alguna manera, rescatado por un fenómeno llamado fútbol.
Nada fuera de lo común: el pueblo mexicano ve en el fútbol, desde siempre, una válvula de escape a sus presiones, una catarsis justa y necesaria que le permite, por 90 minutos, no sentirse tan pequeño – cuando menos en el deporte de las patadas. Una cosa es dejar de ser el gigante de la zona ante Estados Unidos (que, a fin de cuentas, es el mandón del orbe); y otra muy diferente es ser humillado ante los hermanos centroamericanos, a quienes por costumbre se les ve siempre con cara de fuchi y de reojo.
“El horno no está para bollos”, dicen los que saben. A México le urgen alegrías, aunque sean simbólicas, ficticias, y en un rectángulo de césped. Porque estamos a distancia de ser un [tan cacareado] Estado fallido, pero tampoco tan lejos como para no llevarnos un buen susto. Porque el fútbol no soluciona los problemas de la nación, pero palia la amarga sensación de que nos carga la chingada. Felipe lo entiende, alza el teléfono, y le marca a Javier. Es obvio: Aguirre no es una solución, ni de la crisis del fútbol mexicano, y mucho menos de la del país. Pero a falta de medicamentos para curarnos la pulmonía (o lo que sea que Agustín diga que tengamos), cuando menos dénnos la panacea.

No lo dije yo, lo dijo… (LXXXI)

“Al final del día, todos somos narcos; unos narcos muy hipócritas que culpan al gobierno de no poder controlar la violencia, de no parar a los tapados de Monterrey ni las narcomantas, de no detener las decapitaciones. De acuerdo, el gobierno comparte mucha de la culpa al emprender una política de control de drogas desmedida que sólo enfatiza la confrontación directa y violenta con los cárteles. ¿Dónde queda la crítica a una sociedad hipócrita que en última instancia solapa y alienta esta situación?
Es necesario una política pública de control de drogas que se encargue de paliar (y, en última instancia, desaparecer) los componentes organizados del crimen organizado: logística de contrabando, compra de armamento, banda de sicarios, lavado de dinero, influencia corruptora y liderazgos. Pero también es necesario comenzar a ver el componente desorganizado del crimen organizado: el consumo personal que agregado resulta en cantidades exorbitantes de recursos.
Todos somos narcos. Culpemos al gobierno por su incompetencia, inoperancia y corrupción, pero miremos al espejo y veamos el rostro del crimen, la fuente última de la violencia.”
- Reflexión de Miguel Tovar, en Crítica Pura, acerca del papel del consumo individual en la red del narcotráfico en México.
Si no puedes con ellos, ayúdalos (II)
Venga, Agustín, que si sigues así, voy a tener que abrirte una sección en este blog [y fíjate que no cualquiera ostenta el honor]. ¿Qué no te bastó con la rechifla en el Foro Sol? En tu defensa, admito que yo también hubiera desviado tantitito la mirada. Digo, comprendo que si te pasa enfrente Carla Bruni, está canijo aguantarse. Pero mínimo una disimuladita, ¿no?
N’ombre, con tu ayuda, los cartonistas del mundo andarán de plácemes.
[UPDATE] Por cierto, si necesitan más inspiración, consideren la idea de William Saints. Sin duda alguna, le atinó a qué estaba pensando Carstens.

Si no puedes con ellos, ayúdalos
¿Qué le pasaba por la mente a Agustín Carstens en ese instante? Se dice que es aficionado al béisbol. Ok. Pero de pasión a talento hay un buen trecho. ¿Qué no tiene asesores de imagen? ¿Qué nadie le dijo que esa polera se le ve un poquitito recatada con semejante timba? O qué, ¿se sintió émulo del ‘Toro’ Valenzuela [porque sí le da un airecito]. ¿Qué chingados andabas pensando Agustín? ¿Que te iban a aplaudir por tu torniquete, cuando prácticamente la mitad del país te mienta la madre hasta cuando duerme? Suerte que nomás fueron 20,000 pelados los que te abuchearon.
Neta que quería ponerme bien creativo con esta entrada. Podría haber hecho un par de metáforas deportivas sobre el desempeño del secretario de Hacienda, pero las alegorías beisboleras no son lo mío. Podría decir que la economía mexicana está peor que la paliza (17 – 7) que le metió Australia a México en el inicio del Clásico Mundial de Béisbol [nota al pie: ¿por qué le dicen clásico si apenas es la segunda edición?]. Entonces me acordé. Recordé que la había visto ayer en el puesto de revistas, cuando fui a comprarme mi Récord de cada domingo. Y de pronto entendí.
¡Pues claro! Es que si no puedes con ellos, ayúdalos.
Voto electrónico: la sombra de la duda
¡Qué difícil es para un país sumido en tantas controversias democráticas ponerse al tiro con la tecnología! Recién se acaba de anunciar que se está trabajando en la implementación del voto electrónico en la Ciudad de México. Cáspita. Al parecer, la idea es que la población pueda votar por vía telefónica (muy à la telejuegos) y por Internet. Por una parte, supone ventajas como el conteo rápido de los sufragios, el ahorro de recursos y la minimización del impacto ecológico. Pero estos pros se quedan pequeños ante la sombra del fraude electoral, amigo íntimo de la historia del país.

Suena complicada – o peor aún, suicida – la implementación del voto electrónico. No hay suficiente confianza en las instituciones como para que se lleve a cabo. Una lástima, porque en la teoría se antoja una buena opción. Pero la mula no era arisca: en un país que acaba de pasar por una elección ganada por los pelos, el índice de desconfianza no invita a apoyar la propuesta. Simple y llano: unas elecciones por medios electrónicos serían logísticamente más viables, pero carecerían por completo de la legitimidad del grueso de la opinión pública. Y es que papelito habla, a pesar de que pende aún en la memoria colectiva la incineración de paquetes o la negativa del recuento.
Aunque a como vamos, mejor implementamos una ruleta electrónica y nos ahorramos más.

Los narcos también hacen magia
Ayer por la noche estuve leyendo un par de artículos interesantes sobre la guerra contra el narcotráfico: el Wall Street Journal hace un balance negativo, Foreign Policy considera a México como parte del ‘Eje de la Agitación’, y el New York Times habla sobre la compra de armas de los cárteles. Un poco más categóricamente, los ex-presidentes Fernando Henrique Cardoso, César Gavira y Ernesto Zedillo consideran que esta batalla es un fracaso. Loret de Mola incluso ve en el horizonte un narcopresidente. Por desgracia, nada fuera de lo común.
Me quedé con las ganas de plasmar algo al respecto, pero me invadió una sensación de impotencia, de vivir – como todos nosotros - en el fuego cruzado, como el reportero del video anterior. En mi reflexión silenciosa camino a casa, no pude cristalizar ningún texto coherente. Sólo atiné a recordar un fragmento de Harry Potter y el Misterio del Príncipe, que me pareció extrañamente acorde.
El Primer Ministro los miró fijamente sin esperanzas durante un momento, entonces las palabras que había luchado para suprimir toda la tarde, reventaron en él por fin.‘¡Pero por todos los cielos … ustedes son magos! ¡Ustedes pueden hacer magia! ¡Seguramente usted puede hacer … bueno … algo!’ Scrimgeour giró despacio sobre el terreno y cambió una mirada incrédula con Fudge, quien realmente manejó una risa esta vez cuando dijo amablemente, ‘el problema es que su lado puede hacer la magia también, Primer Ministro’.
El problema en esta guerra entre bandos es que nosotros somos simples muggles.
Cuando hay que cuidarse de la policía
Lamentamos informarles que el día de hoy 1 de enero del 2009 por la madrugada nuestro compañero hermano y bajista Fernando (NaKo) falleció a causa de la agresión por parte de un policía que según declaraciones confundieron al vehículo y abrieron fuego. Nos sumamos al gran dolor que está pasando su familia que nos incluye a nosotros y agradecemos infinitamente las muestras de apoyo que estamos recibiendo, con respecto a la banda esperamos comprendan lo complicado que será para nosotros estar sin el, siempre hemos sido una agrupación responsable y llegamos a la conclusión de que seguiremos adelante extrañándolo demasiado. Nos vemos este 11 de enero en Monterrey.. “En nuestra mente y en nuestros corazones estarás siempre Fercho”.
Atte. Arcadia Libre
Qué lamentable es cuando ocurren este tipo de equivocaciones. Me entero en el blog de Otháner sobre el asesinato de Fernando López Alejandre, de 21 años de edad, bajista de la banda Arcadia Libre. El responsable del homicidio de Fernando es el policía Rosendo Maldonado, quien disparó a la camioneta del bajista. Aunque hay versiones encontradas sobre si los oficiales pidieron al vehículo que se detuviera, es impensable que se abra fuego al conductor sólo con la sospecha (aunque por desgracia, este ataque preventivo es cada vez más cotidiano).
Lo peor: el cinismo del oficial.
El agente Rosendo Maldonado López manifestó que iba en la parte trasera de la unidad GT-02 y que al ver pasar a la Trail Blazer trató de ponerse de pie, pero entonces se accionó el arma larga AR-15, calibre .223, que traía a cargo.
Por este conducto, me uno al duelo de los afectados por la muerte de Fernando López, y espero que el responsable sea penalizado por sus acciones. Aunque en este país, donde el crimen no duerme y los policías nos quitan el sueño, los finales felices rara vez suceden.

Pequeña crónica de una reina de Sinaloa
La nota del día es la detención de Nuestra Belleza Sinaloa, Laura Elena Zúñiga. Sí, una noticia a la que se le ha dado mucha difusión, pero no por el armamento y los miles de dólares incautados. Nah, el caso destaca por la prominente beldad de la implicada, y nada más.

El suceso ha servido para que broten algunas especulaciones sobre si los concursos de belleza en los que fue partícipe estuvieron amañados por el narco. Por favor, ¡qué falta de respeto ante la sacralidad de estas competencias! Pfff.
No obstante, lo que más me llama la atención es que a Laura Zúñiga se le considera ahora el arquetipo de la buchona. ¿Qué es eso? El término se aplica a aquellas mujeres de despampanante belleza pero escaso intelecto que se pavonean al lado de los narcotraficantes. ¿Creen que sea su caso? ¿Culpable o inocente? Según ella, la culpa es del novio (capo de Juárez, nomás), de quien desconocía sus actividades ilícitas. Ajá.
Pues entre que si son peras o son manzanas, a mí me ha recordado uno de mis cuentos favoritos: “Pequeña crónica de la más fea”, de Élmer Mendoza.
“[...] Decidieron resolver el problema con mujeres. Por esos días se realizaba el concurso Nuestra Belleza y las invitaron a todas. El Olimpo en la arena, sí señor. Era un contento verlas y oírlas reír en la alberca de la residencia ubicada a unos cuantos metros de la línea fronteriza.”
Por cierto, al final de este cuento, el potentado narco se queda con la mesera fea. Lástima, Laurita.

El oxímoron del Teletón

Es curioso como prácticamente todo mundo coincide en que la dinámica del Teletón es una contradicción. Que Televisa, la cadena de TV más grande de Latinoamérica, solicite dinero parece un insulto a la razón – y en cierto modo, lo es. Pero como la lana va para una causa noble, se atenua el problema. La percepción no es que el Teletón sea un movimiento altruista, sino que el Teletón es, a pesar de los pesares, un movimiento altruista.
Criticar el Teletón sin parecer un misántropo desinteresado por los desválidos parece imposible, porque pagan justos por pecadores. Nadie niega la buena voluntad de muchas personas que donan con el corazón en la mano, o aquéllos que apoyan el movimiento con la colecta. Pero en el nivel empresarial, un donativo es sinónimo de inversión. Por una parte, está la deducción de impuestos. Este dinero no llega a las arcas del fisco; o lo que es peor, termina siendo un saldo a favor para la compañía. Del otro lado, está la imagen. Cualquiera que haya tomado una clase de mercadotecnia sabe que no hay mejor calificativo en la psique del consumidor que el de empresa socialmente responsable.
En un sentido enteramente pragmático, la situación simula ser de ganar – ganar. Gana la empresa, ganan los atendidos por el Teletón, y todos contentos. Pero a mí sí me queda la espina de que una empresa que factura millones se aproveche del sentimentalismo de la sociedad civil para maquillar sus finanzas. Y sí, contrario a lo que opina Germán Dehesa, el Teletón no es una movilización social. Es un enjuague de conciencias.
Yo estoy con el Teletón desde su presentación en sociedad. He tratado siempre de ser útil, pero esto no implica el menor mérito. Me aterran los que no hacen nada, los que se sirven del País y de sus obras como si fuera su frutero personal. Muchas cosas podemos hacer como simples ciudadanos de a pata para mejorar nuestra casa y ver por sus niños. El Teletón nos ha dado esta gran enseñanza. La primera rehabilitación milagrosa que está logrando el Teletón es la de la sociedad civil de México. ¿Cómo no, pero cómo no, colaborar? – Germán Dehesa.
Esta lectura, la de la sociedad civil unida por una causa común bajo el faro guía de Televisa, peca de romántica. No hay que confundir gimnasia con magnesia. Me gustaría saber cuántas personas donan con el puro fin de mantener limpia su conciencia. No en balde la colecta se realiza en diciembre, el mes más significativo para la Iglesia Católica, tiempo de reflexión y demás recapitulaciones. A esta mística decembrina hay que sumarle el poder de convocatoria del ejercito de luminarias, modelo a seguir de muchos televidentes. Apoyar al Teletón no sólo se ve bien hacia afuera, sirve para darle una lavadita al cochambre acumulado durante todo el año.
Al final, la cifra recabada asciende a poco más de 440 millones de pesos. 440 millones que beneficiarán (ojalá) a numerosas familias de escasos recursos, pero que también beneficiarán (seguro) a las empresas que invirtieron en la filantropía. 440 millones, producto de la buena voluntad de muchos, pero también del enjuague de conciencia de otros. 440 millones que reflejan que la sociedad civil se puede unir sin tragedia de por medio, eso sí, siempre y cuando así lo solicite el Gran Hermano. Pero basta de amarguismos. Qué importa si el Teletón es un bonito montaje que oculta la evasión legal de impuestos. Qué importa que la colecta sea una pantomima de la organización civil, que en este momento una simulación es mejor que nada. Qué importa, total que para el altruismo lucrativo, el fin justifica el oxímoron.
La muerte disfrazada de demagogia

Hablar sobre la pena de muerte siempre desata el debate sobre el derecho del ser humano para privar de la vida a otra persona con fines punitivos. En México, este dilema se ha reabierto con la feroz campaña del Partido Verde Ecologista a favor de esta iniciativa; y con la propuesta del gobernador de Coahuila Humberto Moreira para instaurar este castigo en su entidad [que recién fue aprobada por el Congreso Provisional]. Las posturas son encontradas: mientras muchos actores (partidos políticos, ONG’s, Iglesia y CNDH) rechazan tajantemente la idea, no falta quien le dio el espaldarazo a la propuesta. Lo más relevante, claro, es la percepción de la opinión pública. El resultado: casi el 75% de la población está a favor de reinstaurar la pena de muerte en delitos graves, reflejo inequívoco del hartazgo de los mexicanos ante la violencia del país.
Y respecto a la forma de matarlo que sea en la misma proporción del pánico terror dolor e impotencia con la sacrifico a su víctima. – Antonio Pérez, lector de El Universal en línea.
Para saciar mi curiosidad, hace un par de días entré a uno de los foros de El Universal, donde se pide la opinión de los lectores sobre la pena de muerte. Me encantaría poder reproducirles las más de 7,500 respuestas [lamentablemente, no leí todas, pero cuando menos sí unos cientos], pero mejor échenle ustedes un vistazo. La tónica general de los comentarios es rabiosa, enardecida y visceral. Pero no deja de ser cuestionable la coyuntura. En uno de los momentos más violentos de la historia reciente de la nación, la aprobación de la pena de muerte parece un golpe de timón para ganar las simpatías del electorado. Ante la aparente ineficiencia del partido en el poder para detener la marejada del crimen, erigirse como salvador de los intereses del pueblo parece asegurar el asiento para el 2012.
“No soluciona nada”, me comentaba hoy por la mañana Isaac Mendoza en el programa de radio. “Si el delincuente no se desalienta con tantos años de prisión, ¿crees que lo hará con la pena de muerte?”. Además, coincidimos que con el deficiente sistema de impartición de justicia, no serían pocos los que se llevaran entre las patas. Es extremadamente ingenuo creer que la pena de muerte solucionará mágicamente el problema del hampa. No: lo que el pueblo quiere ver es acción, movimiento, espectáculo. Quiere un acto categórico, tajante. La gente está ávida de que la sangre que empapa México sea de los victimarios, no de las víctimas. Ejecutar un castigo ejemplar, consolación de un pueblo castigado. Y en río revuelto, ganancia de pescadores. Así, ad absurdum, mientras la muerte siga disfrazada de demagogia.
No lo dije yo, lo dijo… (LXV)
Piloto: Órale la turbulencia de éste
Copiloto: Ay guey
Piloto: Ay cabrón
[...]
Copiloto: Ay cabrón
Piloto: Ay, ay
Piloto: Álvaro, qué hacemos, Álvaro
Copiloto: Déjamelo, déjamelo, déjamelo
Piloto: Tuyo Álvaro
Piloto (aparentemente): Hijo de tu puta madre
Piloto (aparentemente): No, Álvaro
[...]
Copiloto: Diosito…
[Fin de la transmisión]
- Últimos minutos del diálogo en cabina entre el piloto y copiloto de la aeronave en que perdieron la vida Juan Camilo Mouriño y José Luis Santiago Vasconcelos.
No lo dije yo, lo dijo… (LXIV)

“Entre Gómez Mont y Agustin Carstens, mis impuestos se gastan en garnachas y tlacoyos. Comprobado.”
- Comentario de Twitter de Jorge Morales [aka Norunda], sobre la designación de Fernando Gómez Mont como titular de la Secretaria de Gobernación.
Alguien tiene que hacerlo
La caída del avión en que viajaban Juan Camilo Mouriño y José Luis Santiago Vasconcelos ha sacudido al país. Los pésames al fallecimiento del secretario de Gobernación no se han hecho esperar: Felipe Calderón, Marcelo Ebrard, y Tony Garza han expresado sus condolencias. Incluso Andrés Manuel López Obrador ha mostrado solidaridad. Se vive una incertidumbre extraña, atípica. Aunque aún no se deslindan responsabilidades sobre el avionazo, la percepción popular apunta más hacia un atentado que a un accidente.
“La lucha contra narco costará muchas vidas. Nunca se imaginó que tan cerca.” – Skycirrus dixit.
Éste es uno de los muchos comentarios que aparecieron en la tuitósfera tras los acontecimientos. Desde impresiones de primera mano, opiniones, especulaciones, preguntas y humor negro, durante un par de horas, la efervescencia de la web permitió el flujo constante de información a una velocidad impresionante. Por ejemplo, gracias a mi estatus de Facebook, Xime – que anda en Israel – se enteró de la situación. De volada nos pusimos a mandarnos ligas y a intercambiar nuestras impresiones. Primero por la red, y luego por teléfono.
Nuestra charla giró en torno a un punto muy importante: qué nos depara el futuro. Xime está haciendo su tesis sobre terrorismo, y muy probablemente, termine trabajando en Seguridad Nacional. No sólo ella, sino muchos de mis amigos estarán – en un futuro no tan lejano – involucrados en esos menesteres, ya sea como reporteros, analistas o funcionarios. ¿Vale la pena arriesgar la vida por un trabajo?, me preguntó. En ese instante, recordé una frase que escuché alguna vez en clase: “En México, ser periodista equivale a colgarse un letrero que dice ‘dispárame’ en el cuello”, decía un profesor cuyo nombre no recuerdo. La encrucijada es similar. Pocos son los que poseen la capacidad, menos los que tienen la vocación, y aún más reducido es el número de personas con la decisión. Uno entre miles será quien cargue sus espaldas semejante responsabilidad. Pero sólo lo hará quien esté dispuesto a sobrellevar el peso.
Este tipo de situaciones enojan y preocupan; pero a su vez, motivan. Porque aquellos que tienen una verdadera vocación de servicio ven en la indignación un combustible para seguir adelante. El temor es grande, pero su tamaño siempre será relativo en comparación con la convicción. Si se comprueba que el avionazo fue realmente un atentado, se marcará un parteaguas en la historia actual del país; y aún si fuese un mero accidente, el estado de sitio permanecerá. La realidad es contundente: vivimos en fuego cruzado. ¿Qué hacer? El deber es simple: estar dispuestos reaccionar desde nuestra trinchera, con lo limitado [o extenso] de nuestras capacidades, facultades y herramientas. Alguien tiene que hacerlo.


