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Carta bengala a mis lectores
Amigos todos,
No soy de los que suelen publicar entradas en tono epistolar, pero estoy contagiado por las notas del Facebook que me escriben los amigos que están en otras latitudes. La verdad es que me está costando reengancharme al blog, y ésta es una pequeña estrategia para encancharme de nuevo. El problema no es que carezca de anécdotas que contar, sino que no sé cómo. Lógico, ha sido un mes de esporádicas actualizaciones. Así que, como esos tomos cero de las sagas de cómics, contextualizaré un poco mi situación actual. Acomódense, que va para largo.
Primero, vivir solo. No me quejo. Estoy a punto de cumplir el primer mes fuera de casa. Boca del Infierno es un lugar acogedor. No me costó acostumbrarme a estar por aquí. La verdad es que cinco años viviéndomela en la universidad me curtieron bastante bien. Voy los fines de semana a casa, paso un rato con mi mamá, comemos o salimos al cine, y todo igual. A mi jefa le sigue costando trabajo tenerme fuera. Aún se le quiebra un poco la voz cuando me despido, pero supongo que poco a poco el impacto será menor.
Aún me cuesta tomar ritmo. A veces siento que el día se escurre muy lentamente. Aunque estoy medianamente activo desde las 7:30 porque salgo a correr, el problema es que comienzo mi actividad hasta el mediodía, y me topo con que no tengo mucho qué hacer. La chamba aún me tiene en suspenso. Apliqué para Hipertextual, y aún no tengo respuesta. Mi otra opción es Editorial Santillana, pero eso implica una probable mudanza al D.F. No he explorado otras opciones laborales, así que en el entretiempo, me ocupo en la reescritura exprés una novela para concursar, a ver si chicle y pega, aunque a la velocidad que escribo, no lo veo como un objetivo tan alcanzable.
Del posgrado, ahí la llevo. Ya decidí que aplicaré a Cornell o al MIT. Lo que no sé es para cuando. ¿2010 ó 2011? He ahí el dilema. Me encantaría irme as soon as possible, pero me aconsejan engrosar mi currículo con un par de publicaciones académicas y una o dos presentaciones en congresos internacionales. Y, bueno, no son enchiladas, caray. Estoy intentando publicar mi tesis, pero al parecer, no recibo mucho apoyo de la UDLAP. Así que habrá que tocar otras puertas, buscar otras editoriales, y ver si alguien se interesa. Pienso, a bote pronto, echarle grito al Instituto de Investigaciones Filosóficas “Luis Villoro” o al Círculo Latinoamericano de Fenomenología.
A veces creo que hace falta un poco más de movimiento. Todo está muy tranquilo. Despertar, cocinar, ver una película o salir a echar unas bebidas por la noche. Radio los sábados, fútbol los domingos, y columna cuando se puede. Las vacaciones/desempleo son complicadas, sobre todo porque me considero una mente muy inquieta. Pero hay que apechugar. Toda vez que lo más inestable ha pasado, les lanzo esta bengala para anunciarles el eventual [pero seguro] regreso de su servidor a este espacio. Después de todo, la pausa es momentánea. Ya veremos después como me va con el frenesí.
El blog en busca de sentido

Para qué mentirles: este sitio lleva un par de meses en el descuido. Atrás quedaron los tiempos de bonanza, en los que había una o dos actualizaciones por día. No es que el cerebro se me haya secado, ni que la voluntad haya decaído, es sólo que a veces no tengo tiempo de escribir. Ahora que termine la tesis, cuya elaboración me chupó hasta el alma, debería retomar el ritmo. Pero, por alguna razón que desconozco, no es tan fácil como parece.
Rara vez me detengo a pensar en por qué escribo esta bitácora. A veces, creo que es sólo para saciar esa necesidad cuasipatológica de publicar lo que me pasa [aunque, a decir verdad, para eso está mi cuenta de Twitter]. En otras, porque me gusta escribir de lo que me plazca, y opinar a diestra y siniestra. En muchas ocasiones, escribo tomando en cuenta a mis lectores, sea añadiendo bromas locales o escribiendo sobre temas que me sugieren. Otras, las menos, sólo abro el grifo y dejo salir las letras que tengo contenidas. Caramba, ni siquiera en el tono he hallado homogeneidad. A veces salgo con un video pendejo, y otras con una disertación filosófica.
Los visitantes más regulares habrán notado que la imagen de este blog ha cambiado drásticamente en los últimos meses. Creo que he usado cinco o seis templates diferentes. Es parte de la búsqueda de sentido de este blog, que, por metonimia, es parte de la búsqueda de su autor. El descuido ha llegado a tal grado que el dominio aún no está restablecido [y eso que ya lo pagué la semana pasada] porque se me ha pasado enviar una copia legible del recibo de pago. Yo qué culpa de no tener un escáner a la mano. Es más, no están pa’ saberlo, pero esta entrada la empecé a escribir el 10 de junio [¡hace más de una semana!]. Así de disperso ando.
Podría echarle la culpa a muchas situaciones. Ya saben, que me acabo de graduar [con honores, gracias], que ya vivo solo [pero sigo de mantenido], que ando buscando trabajo [sin saber dónde encontrarlo], que no tengo ni perro que me ladre [y pa' colmo, mi gato se quedó en mi hogar materno], y un sinnúmero de pretextos más. Mis amigos me reconfortan diciéndome que ésta es una época de cambios, pero ¿qué es la vida sino una sucesión de impredictibilidades y acontecimientos aleatorios? Ergo, no hallo pretexto ni explicación para mi pachorra bloguera. Sólo ando bloqueado, pues.
Así que, a manera de disclaimer, les ofrezco una disculpa por las pocas actualizaciones y lo errático de las entradas en los últimos días semanas meses. Pero, sobre todo, les agradezco de todo corazón que, a pesar de los pesares, sigan detras del monitor [¡ah, que pinche cursi!], dejando comentarios y demás. Gracias, totales. Sigan en sintonía.
Asuntos pendientes

Es un hecho. A menos que algo extraordinario suceda, me iré a vivir solo el 2 de junio. El lunes fui a visitar un departamento en Boca del Infierno [otrora hogar de Tania C.] y me enamoré del lugar. ¡Está perfecto! Tiene una cocina, un cuarto, un baño y conexión a Internet [no inalámbrica, pero eso puede resolverse]. Su ubicación es privilegiada, hay una tienda en la esquina y tiene espacio para el coche. Aunque después visité otros sitios, ya había tomado la decisión. A veces uno le pega a la primera, ¿no?
Hoy por la mañana le conté a mi madre sobre el lugar, y quedé en mostrárselo el viernes. Le pregunté qué opinaba sobre mi emancipación. “¿Qué quieres que te diga?, ¿que me voy a sentir sola y no te vayas? No. Es momento de que tomes tus decisiones.” Sólo me pidió un par de cosas: que hable con mi sobrino y con mis tías. Con mi sobrino, para que le explique que me voy porque llega un momento en el que cada quien debe buscar forjar su camino. Con mis tías, porque ellas se oponen a mi salida, argumentando que primero debería tener un trabajo estable antes de vivir solo.
“Haz una lista de las cosas que necesitas”, sugirió mi mamá. Con ayuda de Becks y Xime, armé un listado de chácharas indispensables para la manutención de mi hogar. También le pedí a Cucho el teléfono de la señora que le asea la casa [a quien ya apodé como Doña Chernóbil, por sus dotes para eso del manejo de residuos y desastres]. Me falta aún ubicar algunos servicios indispensables, como un buen juguero o un puesto de periódicos cercano, pero bueno, en Cholula todo queda cerca. También me han sugerido hacer un poco de home warming [es decir, pedirle a la banda que me obsequie algo para complementar mi cantón], así que vayan alistando los cachivaches.
Así que esta semana y media será para resolver asuntos pendientes: comprar, empacar y mover. No obstante, supongo que lo más complicado será afrontar al cónclave de tías [eso, y seleccionar qué libros me llevaré a mi nuevo hogar, ¡dificil decisión!]. Pero bueno, con la venia familiar o no, Boca del Infierno me espera. Aunque quizá otro asunto pendiente sea hallarle un mejor sobrenombre a mi nuevo vecindario.
Mi casa es su casa

Desde que entré a la universidad, siempre he tenido el anhelo de vivir solo. En un principio, como por ahí de mi primer semestre, me parecía excelente tener mi casa en la ciudad [a pesar de que vivo a veintitantos kilómetros de la UDLAP, y en ese entonces me transportaba en camión]. Pero poco a poco, conforme la vida universitaria me fue absorbiendo y comencé a echar raíces en la Hermana República de Cholula, empecé a considerar seriamente la posibilidad de emanciparme. Ahora que estoy graduado, bueno, vivir solo se ha convertido en una de mis prioridades.
Hace unos cuantos días charlé con mi mamá sobre la idea de irme a vivir a otra parte. Verán, cuando era estudiante [¡ja, qué raro escribir eso!], mi madre siempre insistió en que regresara a dormir a casa, sin importar cuán tarde [o madrugada] fuese. Yo, en lo personal, habría preferido irme a vivir cerca de la universidad desde mi último año de estudiante. Pero, en su lugar, acaté las órdenes como buen mantenido. No obstante, el tiempo que me demandó la tesis [y mi vida social, para qué mentir] provocó que cada vez pasara menos tiempo en casa. En un día normal, me salía de mi hogar por ahí de las 10 de la mañana y regresaba pasada la una de la madrugada.
El punto de quiebre fue quedarme a dormir en casa de mis amigos. Un par de veces, el trabajo tesístico me obligó a pedir posada en las Cholulas [¡gracias a Joey y a Becks por alojarme!]. Salvo contadísimas ocasiones, yo no duermo fuera de casa. Es parte del contrato entre mi madre y yo: puedes estar todo el tiempo fuera, pero siempre regresar a dormir. Ahora que estoy graduado, charlé con mi jefecita para decirle que quiero salir de casa. El problema es que aún no tengo empleo y necesitaría un poco de apoyo financiero durante los primeros meses. Sin rechistar [mucho], mi madre me dio el visto bueno, con una condición: vivir solo, sin rúmis. Cámara, lo pago.
Mi ideal es mudarme a mi nuevo hogar durante las primeras semanas de junio, aunque no me consume la prisa. Ahorita estoy buscando un lugar con una renta asequible [no más de $3,000 por todos los servicios], que eventualmente pagaré con el sudor de mi frente. Muchos de mis amigos me están recomendando varios lugares, así que estas semanas serán de evaluación detallada. Hoy iré a checar qué onda en La Boca del Infierno [catchy name, ¿no creen?], y quizá me dé una vuelta por otros complejos habitacionales cerca de Camino Real. En fin, si saben de algún lugar bara-bara que pudiera interesarme, para eso están los comentarios. Eso sí, cuando esté instalado en mi nuevo hogar, espero sus visitas. Ya saben que mi casa es su casa.
Propósitos 2009, balance de abril
El mes de abril fue, en algunos sentidos, un despropósito. A decir verdad, descuidé una buena parte de mis metas para este año, pero en contraparte, también sirve como un punto de partida para reconfigurar otras. En fin, he aquí mi balance del mes [bastante retrasado, por cierto].
1. Hacer ejercicio: Mal. Falté por completo al gimnasio todo el mes de abril [y lo que llevamos de mayo, también]. En parte, puedo achacarle la culpa a que debía terminar la tesis as fast as possible, y a que la contingencia sanitaria detuvo todas las actividades. Pero eso no importa: el daño ya está hecho. Afortunadamente, es un daño aún reversible: no subí de tallas [de hecho, creo que el estrés del final me mantuvo a raya], y mi peso debe rondar los 90 – 92 kilos. Nuevo objetivo: recuperar el terreno perdido. Aspirar a los 88 kilos [o menos] para fin de mes.
2. Balancear mi alimentación: Bueno, cuando se está en la recta final de una tesis, la alimentación pasa a un segundo plano. Nuevamente, tuve suerte. En primer lugar, porque el tiempo de trabajo redujo considerablemente mis porciones de comida [algunas veces, sustituídas por dosis generosas de café]. En segundo lugar, porque la pandemia fomentó que comiera donde Xime, así que si bien no comí [tan] balanceado, por lo menos sí disfruté de la buena sazón. Nuevo objetivo: Buscar cenas más balanceadas. Buen pretexto para ir más seguido a Shanti Roots o a las ensaladas de los Karma Bagels.
3. Ganar dinero: Me he percatado que mi principal problema es que no me gusta cobrarle a mis amigos por lo que hago. Un cuate aún me debe una lanita por un trabajo final de Redacción. Pero ahora que estoy graduado, bueno, encontrar trabajo se convierte en una prioridad. Es momento de tocar algunas puertas [y, sobre todo, saber distinguir cuáles abrir]. Por ahora, aplicaré para ingresar a Hipertextual [¡háganmela buena!] o como corrector de estilo en alguna publicación. Ahora hay planes para irme a vivir solo a partir de junio – julio, así que el compromiso es fuerte. Nuevo objetivo: buscar un trabajo bien remunerado que me permita pagar un alquiler.
4. Leer más obras literarias: Bueno, cuando menos puedo decir que ya terminé The Kite Runner. Voy a la mitad de El guardián entre el centeno [lo poco que avancé fue en la sala de espera del dentista]. Ahora que habrá tiempo libre, creo que me dará tiempo de terminar El guardián… y quizá Crónicas Marcianas. Aunque, la neta, confieso que le traigo muchísimas ganas al libro nuevo de Carlos Ahumada (Derecho de réplica), nomás por el puro morbo. Placeres culpables, que le llaman. Nuevo objetivo: Terminar [¡por fin!] El guardián entre el centeno y chutarme otros dos libritos.
5. Mayor acercamiento al arte: Otro mes demasiado ocupado como para salir a culturear por ahí. Creo que lo más cercano fue ir al cine a ver The Reader [muy recomendable]. Sigo con ganas de ir al teatro [creo que le pediré a Gus que me recomiendo algunas buenas obras], o buscar algún buen lugarcito para ver jazz en vivo. También tengo pendiente ver la adaptación cinematográfica de The Kite Runner. Nuevo objetivo: Una salidita al teatro, cuando menos.
6. Terminar la tesis (¡y publicarla!): Propósito cumplido. Bueno, por lo menos la parte de terminar la tesis. Sobre la publicación, aún lo veo complicado, pero de mientras, la meteré a la concurso de trabajos recepcionales de CONEICC. Así que todavía seguiré trabajado [un poquitín, nada más] en dejar la tesis a punto para concursar. También comenzaré a buscar lugares dónde publicar. Digo, que tanto esfuerzo no sea en vano. Nuevo objetivo: Enviar la tesis al concurso de CONEICC [y cruzar los dedos].
7. Aplicar a un posgrado (¡y ser aceptado!): ¡Recórcholis! Pues ya es tiempo de empezar a ver mis aplicaciones. Uno de los primeros pasos es realizar el examen del GRE. Afortunadamente, Svz tiene algo de material de estudio que me facilitará. Planeo presentar el examen a más tardar a finales de julio, así que ya es momento de talachearle. Sobre la parte matemática no me preocupo en demasía [sí, soy un cocky little bastard], pero la parte de vocabulario en inglés es otro cantar. Auch. Nuevo objetivo: ¡empezar a estudiar!
8. Viajar solo (y al extranjero, de preferencia): Otro mes que no fui a tramitar mi pasaporte. Por desgracia, después de todo este relajito de la influenza porcina, se me antoja más complicado el papeleo. Ni modo, eso me pasa por dejado. No tengo ningún viaje contemplado a futuro, salvo el tour académico que debería pasar en julio o agosto. Así que habrá que empezar a cotizar los gastos para ver si alcanza el presupuesto. Nuevo objetivo: tramitar el pasaporte [¡ya!] y sacar cuentas.
9. Tener una relación estable: Curiosamente, este mes estuvo más agitado de lo normal. Relevador, para ser más precisos. Apliqué una nueva política personal de no quedarme con los escenarios hipóteticos y entrarle al ruedo. El resultado fueron un par de respuestas dignas de recordarse. A veces sólo es cuestión de ver si es chicle y pega. También [re]aprendí que las relaciones no se buscan, simplemente se van dando. Pero bueno, uno también tiene que poner de su parte, claro. Nuevo objetivo: Go with the flow!
10. Despertarme temprano: ¿Qué es eso? Las desveladas tesísticas provocaron que tenga un horario completamente revuelto, así que se me hizo costumbre despertarme pasadas las 10 de la mañana. Muy mal. Además, el reajuste post-académico tampoco ayuda. Trataré de retomar el hábito de despertar entre las siete y ocho de la mañana, para que me rinda más el día. Por cierto, sigo sin conectar mi despertador, ja. Nuevo objetivo: Despertar, de lunes a viernes, antes de las ocho de la mañana.
11. Tomar fotografías: Mi cámara digital no funciona. Y la verdad, es que no tengo mucho dinero para comprar una nueva. Pasó mi examen profesional, y los pocos recuerdos visuales que quedan son de cámaras ajenas. Se me antoja una Reflex digital, pero la inversión es demasiada. Así que supongo que dejaré este propósito pendiente hasta que adquiera una nueva cámara digital.
12. No desatender mis propósitos: Reprobado. Con tanto ajetreo, se me olvida qué cosas debo cumplir. O a veces, sólo lo evito por pura desidia. Es momento de tomar un poquito de fuerza de voluntad. Eso, y realizar mi reporte en los primeros días del mes, no hasta la mitad ¬¬. Veamos para qué me alcanzan estos quince días de mayo.
El día que la tesis se detuvo
Por fin terminé la tesis. O bueno, casi, porque me resta armar el índice, la bibliografía, y un par de correcciones formales antes de entregarle copia a mis dos sinodales. Pero, para fines prácticos, ya está terminada. Se titulará [99% seguro] “La reinterpretación tecnológica de los videojuegos como medios de comunicación: una aproximación desde la fenomenología de las técnicas.” Suena sesuda, ¿no? El examen profesional estaba pactado para ser el 11 de mayo, pero con esto de la influenza y la suspensión académica, quién sabe si la fecha se mantenga o se reprograme. Pero bueno, el chiste es que ya acabé.

La versión final [contando el índice y demás que falta incluir] es como de 75 – 80 páginas. Venga, se ve corta, pero mi trabajo me costó. Pasé los últimos días en un constante peregrinar entre el Starbucks de Cholula y la sala de cómputo de Negocios. La última semana fue fatal: casi cuatro días seguidos terminando entre las cuatro y seis de la mañana. Pero les mentiría si les digo que no lo disfruté. Amén de la buena compañía, el rush de la desvelada ya-merito-es-el-último-jalón fue increíble. Además, fiel a mi estilo, durante este par de semanas intercalé salidas al cine, nightlife cholulteca y demás actividades recreativas con el término de la tesis. Pero ya habrá tiempo después para contar esas anécdotas.
Aún quedan detalles por afinar. Hoy le doy su pulida a la tesis, para entregarle mañana las copias a los sinodales. También me falta redactar los agradecimientos y la dedicatoria [y sí, sí aparecerá el Starbucks]. Debo revisar si mi fecha de examen profesional permanece o se recorre [¡estén atentos a la invitación!], y prepararme para mi defensa de tesis. Mi director ya nos citó [a mí y a Gaby, su otra dirigida] este sábado para un ensayo de la presentación final. En detalles menores, pues hay que ver los canapés para la banda que vaya al examen, y por supuesto, la fiesta post-traumática. Será épica, lo prometo. En fin, mucho qué hacer, pues.
Una disculpa a todos los lectores asiduos a este sitio por las dos semanas de paro. Mea culpa. Hubo mucho de qué escribir durante estos [casi] 15 días, así que les traigo, por lo menos, un póker de entradas pendientes. Agradezco también a todos los que, sea en vivo o por la Red, me instaron a que retomara las labores cotidianas de blogueo. “Estamos esperando su post de la influenza, maese.”, me dijo William. “¿Ya vas a escribir de las elecciones?”, comentó Ángel T. “Es que eres persona pública”, se atrevió a afirmar el buen Albano. Vale, se las compro. Gracias a los que se dieron su vuelta, a pesar de las nulas actualizaciones. Prometo retomar una publicación constante. Después de todo, mis querido lectores, hay que poner el granito de arena para evitar la muerte por aburrimiento en el apocalipsis gripal.
El león enjaulado

Mi madre dice que parezco león enjaulado cuando estoy en casa. Le doy toda la razón. Después de cinco años de vida universitaria, ya no me hallo aquí. Mi salida ha sido paulatina. Cada vez me voy más temprano y llego más tarde, al grado de que hay díasNo es enteramente mi culpa. Verán, mi sobrino Beto se la vive aquí desde hace algunos años. Como su mamá trabaja, él viene desde las dos de la tarde y se va a las diez de la noche. En un principio, yo llegaba de la universidad como a las ocho o nueve de la noche, e invariablemente tenía que correrlo de mi/su habitación. Me daba mucha pena, porque yo sé lo que es pasar la infancia solo, en una casa donde te separa un abismo generacional. Siempre he creído que uno necesita su refugio, su espacio. Así que me resigné a buscar mi lugar en otro lado.
La universidad se convirtió en mi primer hogar. Cuando dirigía la estación, me pasaba todo el día rondando la cabina, viendo qué se ofrecía. Después se me quedó la costumbre. La llegada de mi carro lo hizo todo más fácil, ya que no estaba limitado por el último camión [el de las 10 pm] para regresar a casa. En Cholula siempre hay algo qué hacer: entre tareas, pendientes, trabajos en equipo, comidas, chelas casuales y demás, uno se la vive ocupado. En mi casa, bueno, sólo se puede hacer quehacer o estar pegado a la computadora. Ayer me quedé en casa y me aburrí de sobremanera. Peor aún, me sentí incómodo, ajeno. Ni siquiera hallé un buen lugar para leer, y terminé deambulando por los cuartos una y otra vez.
Trabajar en mi casa es impensable. Nunca he podido. Con mi horario, mi casa se convirtió en el lugar al que llego a dormir. La tarea la realizo en otro lado: la Biblioteca, el Italian, la sala de cómputo, etcétera. La tesis, por ejemplo, la he escrito casi en su totalidad en el Starbucks de Cholula, otro de mis lugares preferidos. Medio en broma, medio en serio, dije que el sillón café del SB es como la sala de mi casa. En este momento es una cafetería, pero podría ser cualquier parte. A decir verdad, lo que quiero es salirme de mi hogar, no porque no me guste, sino porque cada día me incomoda más la idea de pensar que hay un mundo afuera que me estoy perdiendo. Y eventualmente lo haré.
Pensé en emanciparme, cuando menos, el último mes de mi carrera. No lo hice, porque todo pasará a su debido tiempo. Estoy cierto que terminaré estudiando un posgrado en el extranjero, así que la salida es un hecho. “¿Qué te quejas, si en un año no estaré aquí?”, le dije a mi mamá un día que me increpó. “Eso espero”, me respondió. Creo que mi madre comprende que estoy viviendo mis últimos meses en casa. Sabe que me iré, y en el fondo, siento que se decepcionaría si no lo hiciera. Quiero ser un self-made man, sin importar las caídas que cueste. Por lo pronto, seguiré regresando todas las noches aquí, al lugar que aún puedo llamar hogar. Pero no me pidan que me quede enjaulado cuando hay tanta sabana por recorrer.
Propósitos 2009, balance de marzo
Ya se terminó el primer trimestre del año. Tan tan tan. Es hora de ver hacia atrás y ver cuánto se ha cumplido [y dejado de cumplir] en este primer cuarto de 2009. Venga la sentencia.
1. Hacer ejercicio: Marzo inició a tambor batiente, pero se fue apagando por culpa de la tesis [y de la flojera también]. Por suerte, hubo actividad constante por los partidos del Bino, así que no me quedé del todo inactivo. Es momento de corregir la inercia de mi inasistencia al gimnasio [dos veces en dos semanas], y regresar al sendero del bien. Las buenas noticias es que la ropa ya me queda grande, y aunque no hay medidas oficiales, mi peso ya está por debajo de los 90 kilos. Me da gusto que la gente mencione que me ve significativamente más delgado. Nuevo objetivo: A como está la presión tesística, mantenerme es lo mínimo, aunque aspiro a los 87 para fin de mes.
2. Balancear mi alimentación: Neta, se hace lo que se puede. Lo que afirmo sin rechistar es que he reducido considerablemente las porciones [y las visitas donde Don Manuel también]. Salvo el atracón de este fin de semana por el onomástico doble de unos cuates, el régimen va tranquilo. He reincorporado el café a mi dieta cotidiana, así que habrá que ver cómo me pega. El refresco va leve, y la cerveza también se reduce a los fines de semana. Por lo pronto, habrá que seguir cerrando el buche. Nuevo objetivo: Reducir la ingesta de pan [o de ser posible, suprimirla]; seguir viendo de lejitos las taqueadas con Don Manuel.
3. Ganar dinero: Un fracaso. Es más, en esta ocasión, creo que he gastado más dinero que de costumbre. Con la tesis encima, no se ve tiempo para oportunidades laborales. Habrá que ponerle pausa. Lo preocupante es que tampoco caen muchas ofertas laborales que digamos. Pondré mi granito de arena reduciendo ciertos gastos, aunque sacrificar el café del Starbucks en la recta final de la tesis no es opción. Ni modo, que el bolsillo familiar aguante por un mes más. Nuevo objetivo: conseguir una o dos chambitas freelance para alivianar el gasto, if possible.
4. Leer más obras literarias: Tercer mes consecutivo que quedo mal. En mi defensa, sí he leído bastante de la tesis [de hecho, me reenamoré de algunos pasajes de Bodies in Technology de Don Ihde]. Sigo enfrascado en la lectura de The Kite Runner de Khaled Hosseini [¡y va que vuela para entrar en los favoritos!], amén de que ya hay cola de espera: El guardián entre el centeno de J.D. Salinger, Crónicas marcianas de Ray Bradbury, y El viaje del elefante de José Saramago. Más los que se acumulen, claro. Nuevo objetivo: terminar The Kite Runner y avanzar cuando menos la mitad de El guardián entre el centeno.
5. Mayor acercamiento al arte: Otro mes negado. Y vaya que hubo oportunidades, como un par de obras de teatro a las que recibí invitación pero decliné ir de última hora. Cuando menos, cinematográficamente hablando, vi un par de joyas: Persépolis, adaptación de la novela gráfica de Marjane Satrapi; y Gran Torino, con la increíble mano de Clint Eastwood. Y párenle de contar. Nuevo objetivo: un par de buenas películas, por lo menos; una salida [¡ahora sí!] al teatro or something like that.
6. Terminar la tesis (¡y publicarla!): ¡Oh, la tesis! Recién inicié el capítulo cuatro [el último, por cierto] y ya no hay vuelta de hoja. La tesis debe estar completa para el 25 de abril. De que lo estará, no hay duda: es cuestión de ver qué tan pulidita. Por lo pronto, el siguiente escollo es el examen profesional, tentativamente programado para la primera semana de mayo. Sobre publicar, ya veré si sale algún artículo y se manda a alguna revista [Gamestudies, wink, wink]. Nuevo objetivo: ¡Terminar!
7. Aplicar a un posgrado (¡y ser aceptado!): Ésta es carrera larga. Por lo mientras, ya deseché tomar el curso de GRE que ofrece la universidad, porque sale en $20,000 y nomás no cuadran las cuentas. Así que me arriesgaré con mis propios métodos. Eso sí: la motivación está con todo, gracias a una charla con mi director de tesis. Las opciones empiezan a afinarse: Science & Technology Studies en Cornell; en el MIT; History, Anthropology, Science & Technology Studies en el MIT; o Philosophy en New York University en Stony Brook. Nuevo objetivo: Sin prisa, pero sin pausa. Paciencia, paciencia.
8. Viajar solo (y al extranjero, de preferencia): Pues, ya no me fui al Festival de Cine de Guadalajara [snif!]. Sigo sin tramitar mi pasaporte, lo cual representa un gran, gran problema. Si planeo irme al nerdie tour por las universidades de la Costa Este, es momento de que ponga mis papeles en regla. Ya es hora de aterrizar el viaje: cotizar costos y ver fechas tentativas sería un muy buen inicio. Nuevo objetivo: Sacar el pasaporte, ¡ya!
9. Tener una relación estable: A decir verdad, en este momento no busco una relación de noviazgo, lo cual no significa que no esté abierto a lo que aparezca. Ya me cansé de complicarme, así que iré por donde me lleve la corriente. Le agradezco a este semestre haber descubierto qué tipo de persona busco. Lo curioso es que, por lo mientras, no traigo muchas ganas de buscar. Nuevo objetivo: Un poco de corazón ligero, y ver qué pasa.
10. Despertarme temprano: Por causas de fuerza mayor, me vi obligado a llevar a mi sobrina a su escuela, por lo que ya estaba en la calle a las ocho de la mañana. Lástima que con el cambio de horario he ido perdiendo la buena costumbre de madrugar, pero ya me reajustaré. Ya vi que es posible despertarse antes de las siete de la mañana sin sufrir demasiado. Nuevo objetivo: Seguir despertando entre las 7 y 8 am.
11. Tomar fotografías: Mi cámara sigue en el olvido. No he tenido tiempo [ni mucha actitud] para andar tomando fotos. Una lástima, porque sí me gustaría tener recuerdos visuales de estos momentos. Lo más cerca que estuve este mes de una lente fue ayudando a Joey con una tarea de foto. Salió chida la sesión. Nuevo objetivo: Sacar la Reflex, comprar rollos, y registrar mis últimas semanas como pasante.
12. No desatender mis propósitos: Está complicado, con tanto qué hacer. Pero ahí voy, con pocos avances, pero ningún retroceso. Nos vemos el mes que entra.
Cinco recuerdos de una boda, cinco.
Para Susy y Hugo.
“Gracias por venir. Tú viste todo desde el principio”, me dijo Suz. Recuerdo el día que la conocí. Yo conducía el noticiario de la universidad y buscaba a alguien para hablar sobre el próximo congreso de Ciencias Químico-Biológicas. Hablé con Aarón, un amigo biólogo, y me dijo que no podía ir al programa pero que me mandaría a alguien. Ese jueves por la mañana llegó Suz a la cabina. Pasó la entrevista, y se quedó al resto de la emisión. Cuando iba a despedir la transmisión, anuncié que en mi programa del viernes [La Tertulia Inesperada], hablaríamos sobre el café. “Yo tengo unos textos muy buenos que te podrían servir.”, me comentó Suz. Intercambiamos correos, y desde ahí, se hicieron comunes las charlas en el Messenger. Eso fue hace tres años.
Por cierto, nunca recibí esos apuntes sobre el café.
*
“Cierto. Tú estuviste la segunda vez que salimos.”, me dijo Hugo. Ignoro cómo fue su primera cita, la verdad. Recuerdo vagamente la ocasión. Fue una salida con Fausto, Denryuu y yo, en ese entonces, el elenco de La Tertulia, después de programa. Por tanto, pasó un viernes. Si mi memoria no me falla, esa vez nos fuimos a comer al Tiki, porque en esos tiempos todos éramos fans. ¿De qué hablamos? Sepa, pero me acuerdo que saqué mi clásico chiste de por qué los osos blancos se disuelven en agua. Quién diría que, entre sandwichotes y refresco Yoli, estaba presenciando history in the making. Ah, por si no sabían, los osos blancos se disuelven en agua porque son polares.
*
No recuerdo si fue el 8 de mayo, pero estoy casi seguro de que sí. En ese entonces yo era editor de revistas de sociales. Suz me invitó a festejar su cumpleaños en el Italian Coffee de la universidad. Como no tenía coche, pues tomé un taxi desde Plaza Dorada hasta la UDLAP. Cuando llegué, vi unas tres o cuatro mesas pegadas y un pastel enmedio. Y a Suz de lo más sonriente. Fue un cumpleaños sencillo, pero pocas veces me la he pasado tan bien. Por la noche, Hugo se acomedió para llevarnos a todos a nuestros respectivos hogares. Dimos un tour por la ciudad. Medio me acuerdo que uno vivía atrás de Ciudad Universitaria, en una casa amarilla. Ese día me enteré que Hugo vivía por Los Fuertes, y que Suz tenía un Tsuru descompuesto que nunca usaba.
*
2007. Mi sexto semestre. Era la época que me dio la locura de tomar fotos y fotos y fotos. Tengo una buena galería de Hugo y Suz. Hay una de cuando Suz se pintó el cabello de rojo. Recuerdo que para ella fue todo un suceso, porque nunca antes se había teñido. Luego se lo pintó de negro. Hay otras donde sale la computadora naranja de Hugo, quien estuvo renuente a quitarle el plástico de protección durante meses. En otro par de fotos sale Suz dormida. Pero mi favorita es ésta, la del gallito de Hugo. De esos despeinados delatores, supongo, je.
*
Parecíamos un enjambre. Todos, con las cámaras fotográfias en la mano [menos Strazz, que traía la de video], tratando de ponernos de acuerdo para no encimarnos. Ahí estaban Hugo y Suz, parados uno frente al otro, escuchando la lectura del acta de matrimonio. Alcé la cámara y cerré el ángulo para tomar una buena foto. Justo cuando enfocaba, ví a Hugo mirar fijamente a Suz a los ojos y decirle, sin emitir sonido, un te amo. No oprimí el disparador, sólo dejé ese momento para mi retina. Felicidades, mis amigos, y a nombre de todos para los que el amor es un alelo recesivo, gracias por la esperanza.
Niños mal

Hoy me desperté con la noticia de que corrieron a mi sobrino de la escuela. Cáspita. Resulta que un amigo suyo [el clásico malainfluencia] se robó un celular y mi sobrino actuó como su cómplice. Tuvieron el teléfono en su poder como un mes y el plan maquiavélico era venderlo en 300 pesos [one million dollars!]. Luego se armó el desaguisado y, salomónicamente, expulsaron a los dos chamacos. No hubo manera de defenderlo: además del celular, mi sobrino ya cargaba con un bagaje amplio de reportes por mala conducta, amén de venir arrastrando tres o cuatro materias.
Ahora, la familia anda preocupada por el futuro inmediato y mediano de sus estudios. Al parecer, lo van a inscribir a una de esas escuela de reprobados, para que salve el curso y no pierda un año. En la casa hay opiniones encontradas: por un lado, hay quien quiere que pase de año como sea; mientras que la otra vertiente apunta a hacerlo repetir segundo de secundaria para que escarmiente. “Si quieres le habló a mi papá…”, le dije por la mañana a mi jefecita. Mi jefe es director de secundaria de un centro escolar, así que tendría que aplicar la nepotista. Eso sí, directito a repetir año, para que se le pegue algo en su cabecita de teflón.
Su problema es que peca de desidia. A cualquier favor que le pidas, es altamente probable que responda con un sonoro ¿y yo por qué? Y tampoco le han educado mucho en su casa sobre la honradez. Con decirles que mis primos [su mamá y un tío suyo] estuvieron a punto de enfrentar un juicio por robo de luz. Aún así, me atrevo a decir que el chamaco no es malo. Cuando lo acusaron, ni siquiera supo cómo defenderse. Sólo se soltó a chillar, relatan. La bronca no es estar rodeado de malas influencias, es saber en qué dosis. Todos tuvimos algún amigo de ese tipo, de esos que nos enseñaron a ser más vivos, a que no nos chamaquearan a la primera. Sí, pero de los que estamos agradecidos por habernos sabido alejar de ellos en el momento preciso antes de terminar como niños mal. Por lo pronto, espero que mi sobrino haya aprendido algo de todo este relajo. Aunque sea a no malbaratar su educación por 300 pesos.
[Meme] 25 hechos aleatorios acerca de mí
Pues sí, hace un buen rato me llegó por Facebook el meme de 25 random facts about me. No había tenido tiempo libre (ni mucha imaginación) para ponerme a redactar, pero ahora que es mi último domingo previo al claustro de tesis, lo contestaré. Venga, pues.
1. Odio que las personas utilicen más de tres puntos suspensivos. En serio, me chocan. ¿Qué? ¿Creen que a mayor número de puntos, más suspenso?
2. No me gustan los sabores de helado demasiado complejos. Ya saben, las combinaciones tipo mango tropical con pistache. No, señor. A mí me gustan los sabores sencillos: chocolate, vainilla y fresa.
3. Aborrezco las palomitas con salsa Valentina, sobre todo en el cine. En serio, ha habido serias tensiones entre mis compañeros de rosetas de maíz y yo sobre este aspecto.
4. No sé meterme correctamente a un auto. Soy como Derek Zoolander. Siempre meto primero el tronco y después las piernas, de una forma del todo antiestética y poco práctica.
5. Tampoco sé sujetar correctamente una pluma. En lugar de utilizar la posición habitual de los dedos, parece que pellizco la punta. Ergo, me canso rápidamente de escribir, pero la letra me sale más bonita que al grueso del género masculino.
6. Fui seleccionado estatal de Matemáticas cuando iba en la preparatoria. Sí, y nos ponían a entrenar, de lunes a viernes, todas las tardes. Me hartaron tanto de los números que por eso no estudié eso en la Universidad.
7. Suelo abstraerme en problemas matemáticos a la menor provocación. Neta. Cuando era seleccionado, una morra me sacó a bailar en un antro y yo la rechacé porque estaba dilucidando la respuesta (y apuntándola en una servilleta) a un problema que ví. Tetísimo.
8. Tengo un premio Juan Rulfo. Ja, qué mamón suena. Gané el premio nacional de cuento preuniversitario Juan Rulfo cuando iba en tercero de prepa. Dos años antes, me había llevado una mención honorífica también.
9. Estuve a punto de estudiar Letras en la Ibero Santa Fé. La UIA (co-organizadora del concurso) me ofreció una beca del 50% para estudiar Letras ahí. Lo rechacé porque me gustaba más la UDLAP; y porque no quería irme a vivir al D.F.
10. Una vez me depilaron la barba. Como crecí en una casa de puras mujeres, no había quien me enseñara a rasurarme. A una de mis tías les pareció buena solución llevarme a depilar cuando me salió barba. ¬¬
11. Sé dializar. No es una habilidad para presumirse, pero cuando una de mis tías cayó enferma por insuficiencia renal, aprendí a hacer diálisis. Tampoco me dan asco los procedimientos médicos o los fluidos corporales.
12. Soy [prácticamente] incapaz de comer sin ensuciarme la ropa. Soy tremendamente torpe a la hora de comer. Con decirles que una vez me hallaron un rastro de salsa verde en la ceja derecha.
13. [Presumiblemente] estoy en la lista negra de la Universidad. O al menos, eso me dijo en una borrachera un amigo que se dice espía de Rectoría porque hace beca ahí. Yo medio le creo.
14. Nunca he tenido novia. Bueno, en la preparatoria ‘anduve’ con una morrita de secundaria como dos semanas, pero como estábamos en planteles distintos, nunca la veía. Me cortó, y me enteré que años después se hizo lesbiana.
15. Soy fanático de Guadalupe Loaeza. Sí, es de mis placeres culpables. La descubrí cuando encontré el libro ‘Las reinas de Polanco’ en uno de los estantes de mi casa. Y de ahí pa’l real.
16. Soy tremendamente mutable. Empatizo fácilmente con las personas con quien convivo, al grado de adoptar frases, gestos y entonaciones de voz inconscientemente.
17. Muerdo todo lo que tengo a mi alcance. Invariablemente termino destrozando los cuellos de las playeras, las mangas de las sudaderas, los tapones de las plumas y demás objetos que alcanzan mi boca.
18. Padezco de neurodermatitis atópica. Es un padecimiento de la piel que me hace alérgico a la exposición prolongada al sol, y al contacto con metales como el oro y la plata. Una bendición, porque me choca la joyería masculina.
19. Soy muy poco receptivo al contacto femenino. En efecto, como prácticamente no socialicé con niñas durante mi infancia/adolescencia, me sacan de onda los abrazos y demás muestras de afecto, a menos que provengan de gente a quien le tengo plena confianza.
20. Soy hipersensible al azúcar y a la sal. Crecí en una casa de diabéticos, por lo que me acostumbré a comer sin azúcar ni sal. Me hostigan rápidamente los pasteles, y nunca toco el salero por voluntad propia cuando como.
21. Tengo un CI aproximado de 137. Bueno, entre tanto defecto de fábrica, alguna virtud debía tener. Aprendo rápidamente, soy muy intuitivo y manejo fácilmente conceptos abstractos. En contraposición, soy muy pendejo para otras cosas.
22. Mi prenda favorita es una playera del Anorthosis Famagusta. Es el uniforme del único equipo chipriota que ha participado en Champions League, y me la compró Ximena cuando viajó de intercambio.
23. Mi tesis fue inspirada por un texto de broma . Hace casi tres años, Denryuu y yo hicimos un programa de radio basado en el artículo A World of Warcraft World: 10 Ways Online Gaming Will Change the Future. De ahí me surgieron las primeras dudas y así me decanté por hacer una tesis de videojuegos.
24. Uno de mis anhelos es que alguien me tome de la mano. Awww, qué pinche cursi. Lo sé, pero entrelazar las manos se me hace un gesto muy simbólico. Sí, en el fondo soy un romántico de lo peor.
25. Puedo ver thestrals. Me tocó ver fallecer a mí tía, quien se esperó a que fuera mi turno de cuidarla en el hospital para exhalar el último aliento. Es uno de los momentos más trascendentales de mi vida.
Propósitos 2009, balance de febrero
Segundo mes del año, y es momento de hacer la recapitulación de cómo me ha ido en el cumplimiento de mis propósitos. Tan tan tan! En fin, venga la sentencia:
1. Hacer ejercicio: Este mes le bajé a la intensidad en el gimnasio, en parte debido a una afección pulmonar que incapacitó a Joeysaurio por una quincena. Por fortuna, inició la actividad del torneo Intramuros, lo que me tiene echando la reta dos veces a la semana. Mi condición física no ha empeorado – incluso, pude darle una vuelta corriendo al circuito del campus – pero no he bajado significativamente de peso. Mi kilataje se encuentra actualmente en 92, por lo que no conseguí mi meta cumpleañera del mes pasado. Snif. Mi nuevo objetivo: Ir por lo menos tres veces por semana al gimnasio, incluído un día de natación, para superar (¡ahora sí!) la barrera sicológica de los 90.
2. Balancear mi alimentación: Este mes no estuve tan fino en mi alimentación. Hice un poco de lado la sana costumbre del sushi al-dos-por-uno, y las visitas nocturnas donde el taquero Don Manuel siguen siendo habituales. La ingesta de refrescos es mediana (dos o tres por semana), y la de alcohol sigue siendo prácticamente nula. Hay que poner más énfasis en este rubro. Mi nuevo objetivo: No más de dos latas de refresco, no más de dos visitas nocturnas con Don Manuel, y no más de dos idas a Fonda Pachis por semana.
3. Ganar dinero: Lo de mi trabajo como corrector de estilo lo doy prácticamente por perdido. Que les haga bien el dinero que no me pagaron. Sobre el negocio propio, con las ocupaciones académicas no ha habido mucho tiempo para invertir, pero mínimo ahí tenemos un ensayo para aplicación al Colegio de México pendiente de corrección. Creo que disfrutaré de un par de meses de completa dependencia económica en lo que termino la tesis, aunque seguiré viendo si cae algo para corregir. Mi nuevo objetivo: Conseguir, cuando menos, quinientos pesos por mis propios medios.
4. Leer más obras literarias: ¡Qué vergüenza! Sigo sin tener mucho tiempo para invertir en la lectura. Por lo pronto, ya terminé de leer Plato and a platypus walk into a bar: understanding philosophy through jokes, y ahorita estoy enfrascado en The Kite Runner de Khaled Hosseini (agradecimientos especiales a Ximena por ser mi dealer literaria). No terminé de leer La rebelión del número de Paolo Zellini porque se me hizo muy pesado; y recién le dí una media releída a Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll. Mi nuevo objetivo: terminar The Kite Runner, y leer otro par de títulos más (los de tesis no cuentan ¬¬).
5. Mayor acercamiento al arte: Este mes no hubo nada. No fui a ningún museo, ni galería, ni nada por el estilo. Bu. Se me pasó ir al FILEC, y tampoco me lancé a la Noche de los Publívoros. Aunque no viene tan al caso, lo que sí ha pasado es que mi vida social ha aumentado, puesto que prácticamente cada semana he salido a algún convite. De cualquier forma, ya urge darse una vuelta por alguna exposición. Mi nuevo objetivo: Dos expediciones culturosas, ¡ya!
6. Terminar la tesis (¡y publicarla!): Sigo trabajando en la tesis. Como avisé, el capítulo dos debe estar listo los primeros días de este mes. Voy retrasado con las entregas, y aunque no pongo en tela de juicio que terminaré la tesis para finales de abril, sí me pongo a pensar en que debo empezar a dedicar más horas del día a la redacción. Respecto a la publicación, mi director de tesis y yo hemos charlado informalmente sobre escribir algún artículo derivado (por ahí hay unas ideas sobre controles de juego y corporización) en cuanto termine. Mi nuevo objetivo: Capítulo dos, para esta semana; capítulo tres, para antes del 25 de marzo.
7. Aplicar a un posgrado (¡y ser aceptado!): Ya hice mi examen de TOEFL, y sólo espero los resultados (¡ánimas, háganme la buena!). Aunque el GRE sigue calendarizado para agosto, ya estoy empezando a estudiar vocabulario. Sigo contemplando opciones de posgrado, aunque las que se perfilan con más seriedad son Cornell y Georgetown. Esto va pa’ largo, señores. Mi nuevo objetivo: Go with the flow! En cuanto vea mis resultados, ya sabré qué procede.
8. Viajar solo (y al extranjero, de preferencia): Ya no iré al Festival de Cine de Guadalajara por razones financieras, pero el tour académico sigue en pie. Se me pasó ir a tramitar mi pasaporte, lo que retrasa un poco la planeación estratégica del viaje. Por fortuna, ya está contemplado dentro de los gastos a futuro, así que hay que darle a los trámites. Mi nuevo objetivo: Obtener el pasaporte antes de que termine el mes.
9. Tener una relación estable : De nuevo, el eufemismo. He concluido que es altamente improbable que me consiga una novia en plena recta final de la carrera, sobre todo con mi actual relación tesístico/amorosa. No me quita el sueño, porque la verdad es que estoy muy contento con mi estatus actual. La neta es que eso del ligue nomás no se me da, así que ya veremos qué depara la fortuna más adelante. Mi nuevo objetivo: Nada, ja.
10. Despertarme temprano: Voy de reversa en este punto. Ahora me despiero invariablemente a las ocho de la mañana. Por suerte, eso se terminará de forma obligatoria cuando menos dos días, dado que me asignaron a llevar a mi sobrina a la escuela los miércoles y jueves. Su hora de entrada: 7:45. Espero que la nueva práctica me sirva de gancho para despertarme bien madrugador el resto de los días, aunque supongo que ayudaría también llegar antes de medianoche a casa. Mi nuevo objetivo: Despertar todos los días a las siete de la mañana.
11. Tomar fotografías: Corrijo: éste es mi punto más débil. Cargué con mi cámara este mes, pero no me había percatado de que las pilas recargables ya están del nabo y no me duran nada. Ergo, adiós fotos. Una lástima, porque ni siquiera hay registro visual de mi fiesta cumpleañera de disfraces ñoños. Lo únicorescatable es que ayudé a Joeysaurio a hacer una galería fotográfica que fue calificada de pocamadre para su clase de (duh!) Fotografía. Por lo menos no se me ha ido el toque. Mi nuevo objetivo: Comprar otras pilas recargables y sacar un par de galerías pa’l recuerdo (¡antes del 21, que si no, me pierdo EL EVENTO!).
12. No desatender mis propósitos: No puedo argüir que hice todo lo posible para cumplirlos. Bu. Pero por lo menos estoy consciente de mis áreas de oportunidad, y eso es una ventaja. Dos meses y contando. Veamos para que me alcanza la próxima. Fin del reporte.
Pequeño recuento para demostrarles que sigo vivo
Vaya, tenía un buen rato que no dejaba descuidado el blog por tanto tiempo. Los más asiduos notarán que mi frecuencia de escritura ha disminuido paulatinamente a causa de mi tesis. Es normal, supongo, dado que tengo que priorizar otras actividades antes que actualizar. Mea culpa. Pero para que vean que no los tengo en el olvido, estimados voyeurs, un recuento de algunas cosas que han pasado en esta semana:
1. Estoy por presentar el iBT TOEFL®. Sí, lo debí haber hecho hace siglos, cuando tenía un puntaje de 600 en el paper-based. ¡Pero no! Se me ocurre presentarlo recién, impulsado en parte porque es el único trámite que me resta para ser aceptado en la Sociedad de Honor de la UDLAP; y porque lo calendaricé para este mes para ir poco a poco resolviendo los pendientes para presentar a posgrado. Ximena ha tenido a bien ayudarme como tutora (bueh, también es su servicio social, así que no tenía otra opción), y he mejorado bastante en la parte del speaking, mi área más débil. Como parte de mi práctica, toda esta semana los lectores de mi cuenta de Twitter (y Facebook) han sufrido de mi mal inglés. Pensaba actualizar en inglés este espacio también, pero no es onda torturarles, pues. El examen ya es este sábado, así que deséenme suerte.
2. Sigo en el capítulo dos. Pero no se preocupen, los avances son significativos. Recién tuve una reunión con mi director de tesis y me comentó que le ha gustado mucho el desarrollo y que voy en el camino correcto. Me entregó sus observaciones, y casi todas eras cuestiones de errores de tipado o minucias fácilmente corregibles. Sólo me falta redactar dos puntos más (2.4: Los videojuegos como espacio de reinterpretación simbólica; y 2.5 El impacto recíproco entre realidad virtual y mundo real) y estará terminado. Espero tenerlo en no más de una semana.
3. Ya regresó La Tertulia Inesperada, el programa de radio más nerdie de la barra programática de Elocuencia 8080. Es un programa que hacía con mi compa Denryuu hace un par de años, pero con su partida al FES Acatlán, se perdió la esencia y lo dejamos de producir. Por fortuna, los astros se conjuntaron para que él pudiera viajar del Distrito Federal a Puebla y realizar de nuevo nuestro show de despiporre intelectual. Para que se den un quemón, so far hemos hablado sobre temas como etimología, servicios de inteligencia, desastres nucleares y taxonomía. No se lo pierdan, cada viernes de 9 a 11 de la mañana.
4. Se acerca mi cumpleaños. Es el 25 de febrero. Cumplo 23 años (bua, estoy envejeciendo tan pronto que hoy Ximo me halló una cana, snif). Aún no sé con exactitud qué haré ese día, pero estoy planeando hacer una fiestecilla el 27, así que si alguno de ustedes se anima a echarse unos tragos coquetos para festejar mi onomástico, póngase en contacto conmigo. No, no me ha entrado aún la crisis de los 23, pero supongo que en algún momento pasará (¡y será material para una entrada!). Mientras tanto, a disfrutar mis últimos días de veintidosañero. Ay juventud, divino tesoro.
Mis accesorios indispensables
No me considero una persona que guste en demasía de los accesorios. A decir verdad, me cagan las alhajas, los anillos y toda la joyería varonil. Pero hay dos accesorios sin los cuales no me concibo: mis anteojos y mi reloj. Los lentes los uso por necesidad, pues padezco de una combinación de astigmatismo e hipermetropía. La graduación de las micas es algo elevada (-4 en el ojo derecho, -6 en el izquierdo), así que prácticamente los tengo puestos todo el día. Antes jugaba fútbol sin lentes, pero si mi desempeño balompédico de por sí es deficiente, a ojo pelón nomás no daba ni una. Descubrí que necesitaba anteojos en tercero de secundaria, y desde ahí, no me veo (ni veo) sin ellos.
Un par de anteojos me dura en promedio un año y medio, aunque antes de la universidad tenía una tendencia inexplicable a perderlos/romperlos. Recién me tocó cambio de lentes y estoy estrenando mi quinto par como estudiante de licenciatura: unos YSL de patitas color blanco que se ven retecoquetos. Me han sugerido operarme los ojos, pero entre que me da un poco de frío y el hecho de que me encanta el aire ñoñezco que me dan, me opongo rotundamente. Supongo que cuando sea mayor, seré de esos señores retro que todavía usan gafas.

¿A poco no están recoquetas las patitas blancas?
Mi costumbre de usar reloj también se remonta a mi secundaria. El reloj es más por un sentido práctico que estético, aunque siento que estoy arreglado con el puro hecho de traerlo puesto. Nunca he sido fanático de las pulseritas y demás chingaderitas que se atan en las muñecas. Cuando chico, recuerdo que usaba una esclava que me regaló mi mamá, pero gracias a mi dermatitis atópica, descubrí a la mala que la exposición prolongada al oro, la plata y demás me produce comezón. Por tanto, no es de extrañarse que casi todos mis relojes sean de correa de cuero (o de acero inoxidable, que mi piel tolera más). Durante la universidad he tenido tres: un Fossil medio rompemadres que me regaló mi tía al ingresar, que dejé de usar porque se estrelló la carátula y roí el extensible; un Victorinox sin chiste, con el borde de la carátula rojo, que le regalé a un cuate; y mi consentido, un Lacoste metálico que me compré con el sudor de sueldo y medio cuando trabajaba como editor.
Hace un par de semanas se me cayó el reloj en las duchas del gimnasio y le dí en su madre. Aproveché para mandar el Fossil también a arreglar. Me desorientó no tener watcho estas semanas. Cada vez que quería saber la hora, veía instintívamente mi muñeca y me sentía estúpido. Incluso traje puesta una banda deportiva de ésas para secar el sudor, sólo por no sentir la ausencia. Afortunadamente, hoy me entregaron ambos relojes y ya tengo uno para andar casual y otro para ocasiones más formales (aunque, a decir verdad, eso me viene valiendo y los emplearé indistintamente). Los lentes y el reloj son objetos en los que no tengo reparo en pagar un precio relativamente alto (bueh, ¡tampoco tanto!) porque los considero una especie de inversión. Y aunque no tuvieran un sentido pragmático, seguiría usándolos. Todo mundo tiene derecho a sus accesorios indispensables.

Yo, (suspirante a) escritor
Nunca me he reconocido como escritor de ficción. Para eso, se necesita escribir (thanks, Captain Obvious!) y publicar con cierta constancia. Yo, a lo sumo, tengo cuatro cuentos completos (dos premiados y dos inéditos) y un par de fallidos/abortados: un buen balance pero nada prolífico. Descubrí mi gusto por los relatos cortos cuando iniciaba la preparatoria, gracias a mis tareas de Taller de Lectura y Redacción. Un día llegó una convocatoria para el Juan Rulfo preuniversitario, y se la dieron a un compañero. Él declinó y yo tomé la alternativa. Así escribí mi primer cuento en forma (Tejón de servilleta, 2002). Un par de días antes de mandarlo a participar, se lo dí a mi maestra para que le echara un vistazo. Lo desahución, considerando que sus posibilidades de ganar algo eran mínimas. Bueno, pues me dieron una mención honorífica. Nada mal: hubo premiación en Bellas Artes y toda la cosa. Eso sí, mi profesora fue a la gala, aseverándole a todo mundo cuánto creyó en mí desde el very beginning. Bah.

Ése soy yo, tapando la hermosa vista desde Bellas Artes.
Al año siguiente también me animé a participar. Busqué un estilo más epistolar y así nació Cartas a Teresa (2003), un cuento cuyo peor detalle es, desgraciadamente, el desenlace. Lo terminé a las prisas, pues. Lo mandé el día del deadline. Me decepcioné mucho al enterarme, un mes después, que el paquete nunca llegó a las oficinas del concurso. De todos modos, dudo que hubiera sido galardonado. El final, en serio, es malo. Me alejé un poco de la literatura hacia otro de mis amores: las matemáticas. Eran mis tiempos de seleccionado estatal (¡ñoñísimo!), pero esas anécdotas serán material para una entrada subsecuente.
Cuando iba en tercero de preparatoria, sufría de la clásica depresión de no saber qué estudiar. Por una parte, siempre había tenido inclinación hacía la química o las matemáticas, pero los entrenamientos como seleccionado habían hecho añicos mis ilusiones de dedicar mi vida a los números. Además había descubierto cierta vocación hacia las letras y la sociología, lo que complejizó más mi decisión. En ese entonces, ya me había decidido por ingresar a la UDLAP, tras quedar fascinado con el campus y sus bellas mujeres (oh, y el prestigio, por supuesto). En esos momentos de incertidumbre, aunados a un alud de vivencias preparatorianas, redacté Timbrazos de esperanza (2004). Lo envié, sin esperanza alguna salvo arañar una mención nuevamente, y me llevé una de las sorpresas más grandes de mi vida.
Era lunes. Lo recuerdo porque hubo ceremonia a la bandera. Al terminar el trámite al lábaro patrio, mi amigo Oliver y yo pedimos permiso para salir al quiosco a comprar un ejemplar de Reforma para consultar los resultados. Me acuerdo que caminábamos de regreso a la escuela y yo leí el anuncio de premiados de abajo hacia arriba. Para cuando terminé las menciones, me desangelé. Por mera curiosidad, eché un vistazo al podio y ví que había ganado. Verán, esa victoria moral me llegó en el momento que más lo necesitaba: por culpa de mi flojera, no podía aspirar a la beca Jenkins (lo que me condenó a dos años dos de 13 horas de beca semanal, hasta que la conseguí de reingreso); además, terminaría quinto o sexto de mi generación, sin importar cuánto me esforzara. El galardón me dio nuevos bríos e hizo que recuperara (o mejor dicho, creara) una seguridad en mí hasta antes desconocida.
En esa ocasión, la premiación fue en la Ibero de Santa Fe, que coordinaba el concurso junto a la Fundación Juan Rulfo. Me sentí todo rockstar, pues contrario a la primera vez, en esta ocasión yo era el referente. Por cierto, me gané un estéreo que aún tengo en mi cuarto. ¡Caramba, hasta me entrevistaron para Ibero 90.9! (algo de lo más común, pero déjenme presumir). Conocí a un par de colegas a quienes no les he perdido la pista del todo, como Darío Beltrán, Caro Álvarez o Adameck Collazo. Al finalizar la premiación, se acercaron del Departamento de Incorporaciones para ofrecerme una beca para estudiar Letras en Santa Fe. La rechacé, pues a pesar de mi gusto por la escritura, no sentía deseos de mudarme al D.F., y en verdad estaba enamorado de mi futura universidad. Total que terminé, como saben, estudiando Ciencias de la Comunicación. En mi defensa, los colegas escritores con los que aún tengo cierto contacto tampoco son literatos: Dario es psicólogo, Caro es chef (¡!) y Adameck… uhm, bueno, no tengo ni la más remota idea. La excepción es Ale Vergara, estudiante de Literatura en mi universidad, a quien conocí año y medio después, durante la presentación de las antologías del quinto y sexto concurso Juan Rulfo: yo gané el quinto, ella obtuvo el segundo lugar y una mención (¡doblete!) en el sexto. Curiosamente, al día siguiente de vernos en la presentación, nos topamos en el campus. Ócuard.

Su servidor, escoltado por dos big shots cuyos nombres no recuerdo. Nótense los kilos de cachete que me faltan.

Facebook nos reunirá algún día, muchachos.
Mi último cuento terminado fue hace un par de años. Con la llegada de Pedro Ángel Palou a la rectoría de la UDLAP, el escritor Jorge Volpi – amigo suyo – ofreció un taller de narrativa. Para aplicar, había que enviar un texto. Así fue como nació mi última obra (Composición V, 2005). Es el cuento más largo que he escrito (cerca de 35 páginas), y permanece inédito. Es, en muchas formas, mi consentido por su espeluznante atemporabilidad. Me tomó cerca de un mes (y la catarsis de muchas anécdotas) terminarlo. Después de ese texto, intenté infructuosamente escribir un poco más, entre lo que destacan dos cuentos inéditos no terminados de no más de dos páginas y un guión que apestó terriblemente. Conforme pasó el tiempo, me incliné nuevamente más hacia la ciencia y dejé de lado mi incursión en la literatura.
Hace un par de días, buscando un disco de ejercicios para el TOEFL, hallé fotos de la presentación de la antología del quinto concurso (prometo eventualmente escanearlas y treparlas al Facebook). Tras sumergirme un poco en los recuerdos, me puse a buscar un ejemplar de ese libro para releer mi cuento. Me agradó. Un par de amigos lo han leído recién y les ha gustado – además de soltar un par de carcajadas con algunas azarosas similitudes. He pensado que, al terminar la tesis, no estaría mal intentar nuevamente entrar en el umbral de la ficción. Después de todo, aunque ahora me dedique a menesteres completamente distintos, no puedo negar que en mi momento fui, como tantos y tantos que hemos pasado por ese concurso, un suspirante a escritor. Lo siento, pero no puedo negar que así como tengo los números en el corazón, a veces siento cómo me late la tinta por las venas. A ver qué pasa.
