Mi ______, el candidato

10Jun09

El sábado pasado descubrí que tengo un tío medio lejano que es candidato a diputado. Por el PRD, pa’ variar. Iba escuchando la radio por la mañana y me topé con su spot. Cuando llegué a casa, le comenté a la familia. “Sí, yo ya sabía”, respondió la tía mayor, de ésas manufacturadas en la preguerra. “Creí que no se iba a lanzar, por ahí oí que no le habían asignado el presupuesto”, apuntó. “Ya ves, ¿por qué no le hiciste caso cuando te pidió ayuda para no-recuerdo-qué?”, me recriminó otra tía. En fin, la noticia detonó los chismorreos y el resto del desayuno familiar transcurrió entre relatos espeluznantes de política local. Al día siguiente me topé con un pendón del PVEM. Me quedé con la sensación de conocer al candidato, y tras un ejercicio de memoria, mi mente ubicó ese rostro. “¿Adivina dónde vi a M., el cuate con el que compartíamos oficina?”, le comenté a una amiga. “Ya sé, se lanzó para diputado”, respondió, “la otra vez me llamó para que lo ayudara con su campaña. Lo mandé a volar.” Aplaudí, nomás por puro impulso.

“¿Y vas a votar por alguno de ellos?”, me preguntó un amigo cuando le comenté lo de mis descubrimientos electorales. “No”, respondí tajantemente, “ninguno de los dos está registrado en mi distrito”. Ahí zanjamos la conversación, pero me quedé pensando en qué haría si pudiera elegir a algunos de los dos. La verdad es que no siento mucha empatía por los perredistas, sobre todo porque ya me perdí en la telenovela entre chuchos y demás. Aparte, se me hace de lo más chafa votar por un familiar bajo el mero criterio de la sangre – ¡diluida, además! Por otra parte, no me atrae la plataforma política del Verde Ecologista (y a decir verdad, Raúl Araiza se me hace un actor malísimo) así que tampoco le voy a los verdes. Es más, yo digo que si no hay buenos candidatos, que me los paguen.

Siempre critiqué en las elecciones de mi universidad que la mayoría de los estudiantes votaran por su cuate, su conocido, su compañero de banca. Ahora que lo pienso con más detenimiento, me pregunto cuántos tíos, primos, hermanos, amigos, compañeros de trabajo, amoríos, ex-amoríos, y demás conocidos están involucrados en la próxima elección. Me gustaría saber cuántos votarán por default bajo el argumento de la familiaridad y el amiguismo, aunque el candidato sea el primo del hermano del señor que no vino a la fiesta. Después de todo, ¿a quién no le gusta presumir que se lleva de piquete de ombligo con el flamante diputado? (y si se raya con algo, ¡qué mejor!). Al final, recordé a aquel cuate de la primaria que soñaba con ser gobernador. “¿Verdad que cuando me lance vas a votar por mí?”, me preguntó. “Pero por supuesto que sí”, le afirmé recreo tras recreo. Y lo sostengo. Después de todo, en el patio de la escuela, él me prometió nombrarme algún día el nuevo Secretario de Educación Pública.

Columna publicada el miércoles 10 de junio en La Primera de Puebla.

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4 Responses to “Mi ______, el candidato”

  1. 1 Dan

    Sin duda el nepotismo es un vicio de la política, pero está muy arraigado y no veo que sea erradicado en varias generaciones. En México los negocios son familiares, cuando iba a la universidad a los LAE’s les decíamos [los ingenieros] muchas cosas (pocas buenas), una de ellas era Licenciados en Administración de Herencias. Muy pocos de ellos iban a la escuela por el gusto de adquirir conocimiento o para buscar trabajo y hacer una carrera. La mayoría iban para ser entrenados para tomar las riendas del negocio familiar. En las juntas auxiliares de Puebla existen verdaderas dinastías familiares con cientos de miembros y actividades en común. Es fácil de entender que la política no se iba a salvar de esta manera de hacer las cosas.

    Creo que la familia en la política agrega una dimensión que no se ve en la televisión, ni en los periódicos, ni en los libros. Bajo la mesa, en la toma de decisiones hay una red de acuerdos y reglas no escritas. Abajo de eso están las peleas internas entre grupos dentro de los partidos, y más abajo están las relaciones familiares.

    Me ha tocado ver políticos que son primos y comparten un apellido, que en el congreso y en los medios pueden despedazarse defendiendo la postura de sus respectivos partidos (PAN y Convergencia en este caso) pero en su pueblo se llevan muy bien.

    El lado negativo de todo esto todos lo conocemos: amiguismos, compadrazgos y favoritismos en perjuicio del erario y del bien común. El lado positivo es cuando por el simple hecho de asistir a la boda de uno o la fiesta de otro, y hacerle la plática a 2 o 3 de los invitados, algún trámite engorroso se simplifica.

    No lo veo del todo mal. No siempre tiene que ser ilegal, antiético o corrupto. Si los círculos fueran más amplios, todos nos viéramos a cierto nivel como una gran familia, y tejiéramos redes de solidaridad, las cosas marcharían muy bien. Creo que un ejemplo exitoso es el Sociolismo cubano, que sirve para engrasar el oxidado engranaje de la burocrática implementación del socialismo en la isla.

  2. 2 Dan

    Ah y respondiendo la pregunta central del post. En algunos casos no sólo no votaría por mi conocido, sino que me deslindaría por completo (“Yo ni lo conozco”) y en otros casos sí lo haría. No [sólo] para presumir o conseguir favores, sino como una manera más fácil de influenciar políticas públicas que como simple ciudadano.

    Y del otro lado, si yo fuera candidato, sí incluiría a varios de mis amigos en mi equipo o como asesores, obivamente aquellos que puedan hacer bien el trabajo. La razón es que en muchos casos conozco su forma de actuar y reaccionar, y su manera de afrontar momentos de crisis o debilidad. También mis políticas estarían enfocadas en beneficiar a mi familia, aunque no directamente, sino en general (mejores pensiones, becas, servicios de salud gratuitos, laptops para los niños).

  3. 3 Hermana de Denryuu

    Pepe, la verdad es que desde las Europas se escucha mucho acerca de la campaña del voto en blanco. La verdad es que yo no tengo la posibilidad de votar, pero si la tuviera no sé que sería mejor a)votar por el menos peor (que es difícil saber cuál es) de los partidos con posibilidades reales; b)manifestar mi inconformidad con el sistema corrupto a través del voto nulo. Es un dilema. La verdad es que en las últimas elecciones tuve bastante incertidumbre con respecto a votar a la derecha, que por una parte es con la que ideológicamente más me identifico, pero que al mismo tiempo, favorece más a los que más tienen (y tampoco están haciendo cambios estructurales que beneficien a los más necesitados); o a la izquierda que es beligerante, pero que también representa una realidad de nuestro México, a los menos favorecidos. en esa ocasión, perdí mi credencial de elector. En cuanto a tu pregunta te la respondo con un hecho claro: uno de mis hermanos tiene la vaga intención de dedicarse a la política, y yo ya le he dicho, desde hace muchos años, que no votaré por él. El poder es para servir no para servirse

  4. 4 Denryuu

    Ya lo dije, nepotismo. No es lo mismo que democracia. Que se decida el gobierno si va a ser uno u otro, porque en el intento de ser ambos acaba por no ser ninguno.


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