Desde hace rato que quería inaugurar esta sección. En Twitter uno se encuentra con cada perla de sabiduría en 140 caracteres. Así que, sin más preámbulo, disfruten esta selección de lo mejor del mes pasado. Si se quedaron picados, en mi sección de favoritos hay más, ¡mucho más! Por cierto, en negritas, mi Top 10.

“Qué jodidos estamos como para que hasta los chinos nos maltraten.” – @DonRul, Mayo 5.

“Nadie dijo que esto sería fácil.” – @Othaner, Mayo 6.

“Every day I feel more away from home and closer to nowhere.” – @PopT_art, Mayo 6.

“Hoy te vi, charlamos, y te extrañé. Curioso echar de menos lo que no pasó. Por algo el hubiera es tiempo pretérito imperfecto.” – @Padaguan, Mayo 6.

“Para mí que Genghis Khan tiene más descendientes que Abraham.” – @Danalonso, Mayo 7.

“De cada 10 personas, la mitad es 5.” – @Robotdice, Mayo 7.

“Trust yourself. You know more than you think you do.” – @Strazzulla, Mayo 7.

“Me gusta acostarme en el pasto viendo el cielo, escuchando a los perros a lo lejos y pensar que la vida no es tan complicada. :)” – @Skycirrus, Mayo 7.

“La influenza nos ha hecho olvidar el virus del “debola” (debola luz, debola tarjeta de crédito, debola agua…¡!).” – @LauraDark, Mayo 10.

“El amor existe y ha sido embotellado. Lo venden en los oxxos y se llama Arizona green tea sabor mandarin/orange y miel (L).” – @Mr_no, Mayo 12.

“May 13th – Our Entire Staff Is Humming: “Yo Te Vi, Yo Te Vi, Yo Te Vi Robando”. And Also Thinking Of Carlos Salinas.” – @TheMCN, Mayo 13.

“Me gusta pensar que el que escribe los tuits de @lajornada es un tipo, joven, simpático, melenudo y barbón.” – @Enosis28, Mayo 13.

“Sabes que algo va mal cuando te dedican una canción de Alejandra Guzmán.” – @Mr_no, Mayo 13.

“Prometo no volver a soñar que tuiteo a las dos de la mañana, hasta donde yo sé, los sueños son privados.” – @Otramaria, Mayo 14.

“May 14th – Guadalupe Loaeza Planted A Tree, Caught A Butterfly And Sang A Happy Song Yesterday As Part Of Her Campaign.” – @TheMCN, Mayo 14.

“Hola a todos. ¿Quién tiene un beso que le sobre que me pueda regalar?” – @OscarGrunon, Mayo 14.

Continue reading ‘Mis tuitazos favoritos, mayo 2009.’

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Au lecteur: Otra más de repechaje textual. En esta ocasión, uno de los pocos cuentos cortos que he escrito por puro gusto [no soy muy prolífico, la verdad]. Éste data de abril del 2006, y ha sufrido poquísimas modificaciones con el paso del tiempo. Sólo para variar un poco el contenido, un poco de ficción.

Preludio

Suaves notas caen sobre las calles, sobre los autos, sobre el pavimento. Notas acuosas, gotas de música. Viento gélido que acompasa la frenética lluvia. Y tú, solo en la alcoba de aquel lujoso hotel, sentado en una cama demasiado espaciosa para tu menuda figura. Es de madrugada. Las notas disminuyen, el frío aumenta, la soledad persiste.  Tú y tu violín. Practicas la sonata que en unas horas presentarás frente a la multitud. Has venido desde lejos únicamente a deleitar a un ente de mil cabezas, saciar su sed, encantarlo como Orfeo al cruel Hades. Te sumergirás en un infierno. Aunque, en cierto modo, ya estás allí. Por eso ejecutas nerviosamente, con desgarradores movimientos, con sonidos lastimeros. Con penuria. Tu violín gime y tus entrañas también.

Pasan las horas. Lanzas tu instrumento a la cama. Te derrotas. Asumes tu posición inicial: sentado en la descomunal cama, las manos en el cabello, la mirada fija en tus barrosos zapatos. Notas que permanece aún su aroma en el ambiente, ese olor a perfume, sudor y vacío. ¿Por qué fuiste por ella? No lo sabes. Necesitabas una dosis de amor y compraste fugaz pasión. Llenar ese espacio. El hueco de la mujer que cambió tu devoción por las caricias de otra. Recién habías desempacado y saliste a buscar el cariño negado. En el callejón elegiste a la de piel cetrina. La llevaste y en el cuarto ejecutaron una triste melodía, mera conjunción de cuerpos y ausencias.  Sus gritos, tus gritos, en una sinfonía de silencio. Un largo preludio de almas afónicas antes del verdadero concierto.

No hay tiempo para descansar. Ensayas frenéticamente. Carente de inspiración, de fuerza, de talento. Practicas hasta el amanecer. Una y otra vez la misma pieza hasta que tu música sangra. Caes agotado.

Rendido.

Te paras frente al público. Una multitud voraz, ávida de escucharte ejecutar tu acto. O de ejecutarte en el acto. Las luces del escenario se apagan. Es tu momento. Cierras los ojos y comienzas a tocar el violín con una parsimonia inusitada. De pronto te detienes. Algo te posee. Los acordes comienzan a emerger con violencia. Brota del instrumento un sonido cuya naturaleza se debate entre lo endemoniado y lo sublime, como si Cielo e Infierno se hubiesen puesto de acuerdo por unos minutos. Y, de pronto, paras. El público murmura. Silencio. Das media vuelta y abandonas el teatro. Al fondo, alguien aplaude tu irreverencia. Tu impotencia se convierte en genialidad. La muchedumbre enloquece, vitorea, brama en celo. La crítica te ovaciona. La gente te adora.

Tú te sigues odiando.

En el callejón eliges a la de ojos claros.


Vaya, que no tengo nada  en contra del uso de la retórica visual para acentuar una frase. Es más, en muchas ocasiones, un pie de foto basta para cambiar completamente el significado de una imagen. Pero tampoco hay que acusar de pésimo gusto, caray.

Cita Berlusconi

Por fortuna, TIME cambió la imagen, pero la captura de pantalla queda para la posteridad. ¿A poco no aman estos [tras]piés de fotografía?

[Éste lo vi originalmente en RegioBlogs]


“¿Por qué marchar? ¿Por qué ir y sumarme a un grupo de personas que gritan consignas y van en comparza? ¿Por qué no hacerlo todos los días? La idea de la marcha es buena, levantar la voz y ganar reconocimiento, pero es virtualmente mala al ser opacada con tanto desmadre que muchas usan para ir a ligar y destramparse. El marchar es algo que deberíamos de hacer todos los días en el sentido de ser valientes y acordes con nosotros mismos. De defender nuestros ideales y nuestras verdades. Nuestra propia lucha interna es igual de fuerte que una pugna externa. No olviden que al marchar también se les da reconocimiento a todas las víctimas del VIH, acaecidos por la homofobia y por todos los daños hechos a personas con diferente orientación sexual. No todo es fiesta, tambien hay dolor. Así que recuerden antes de pensar ir a una marcha, sólo recuerden por qué lo hacen, por qué luchan… Y todo será más fácil.

– Reflexión de Gus Barrientos, acerca de la marcha por la diversidad sexual en Puebla, el pasado sábado 30 de mayo.


Au lecteur: Para combatir la mala costumbre de dejar este sitio sin actualizar, he decidido revivir algunos viejos textos de mi autoría. No soy muy adepto al repechaje, pero qué se le va a hacer.

El que suscribe tiene la fea manía de consumir alimentos frente a su computadora. El pretexto que siempre utilizo es la falta de tiempo. Pero siendo sincero, es un acto que se me ha hecho costumbre. La tecnología ha modificado sustancialmente nuestros hábitos alimenticios. Basta ver la cocina, recinto donde es ya impensable la gastronomía sin la ayuda de aparatos. Somos incapaces de preparar algo más complejo que un emparedado sin el apoyo de electrodomésticos. El microondas pasó de ser una supuesta bomba cancerígena a convertirse en el aliado de la cocina rápida. La comida dejó de parecerlo: paquetes deshidratados y sopas plásticas complementan la pirámide nutricional del universitario promedio. La tecnología despoja a la gastronomía de su parte artística para convertirla en mera técnica. Es cuestión de ahorro: el tiempo de preparación de un alimento es tiempo perdido.

El consumo también es presa de un cambio tecnológico. Durante mucho tiempo, comer sin la presencia del televisor fue casi equiparable a comer solo. Ahora, la computadora se ha convertido en otro acompañante del comensal. El acto de alimentarse y trabajar simultáneamente responde a una necesidad de un uso óptimo del tiempo, aún bajo el riesgo de colar migajas en el teclado o derramar líquidos en el ordenador. Estos cambios afectan directamente a la industria alimenticia: hoy en día es de lo más común hallar restaurantes que ofrecen servicios de conexión inalámbrica. Ya no es necesario llevar la comida al área de trabajo. Basta con mover la computadora hacia el lugar donde almorzamos.

Mención aparte merecen las cafeterías. Es cada vez más común encontrar gente clavada en el monitor mientras degusta una taza de café. El diálogo ameno ha sido sustituido por el ensimismamiento computacional. Este tipo de establecimientos se ha convertido en un santuario para los usuarios de computadoras portátiles. Aunque comer frente al ordenador parezca de pésimo gusto, tiene un trasfondo peculiar. La necesidad de familiarizarnos con la tecnología nos ha llevado a compartir con ella la actividad social por excelencia: compartir los sagrados alimentos. Excusen, estimados lectores, si cierro abruptamente la columna. Me despido porque quedé de ir a tomar un latte con mi computadora.

Texto originalmente publicado en la columna Tecnocracia, en el número 201 del semanario La Catarina.


Liuwa Robledo será la nueva presidenta del Consejo Estudiantil de la UDLAP. No tengo el honor de conocerla [y dudo tenerlo, dada mi calidad de graduado]. Lo que sé de ella es por voz de mis [muchos] amigos internacionalistas, y la [malísima] impresión que me dio durante el debate. Pero bueno, esta entrada no está para hacer críticas ad hominem [aunque bien podría]. Si tienen ganas de saber quién ocupará el cargo máximo de representación estudiantil el año entrante, sugiero un vistazo a este reportaje previo a las elecciones hecho por Notas UDLA.

Este proceso electoral fue, cuando menos, irregular. En una breve sinopsis, contendieron dos planillas por el Poder Ejecutivo: Bios [encabezada por Carlos Huesca], e Impulsa [lidereada por Liuwa Robledo]. El día de la elección, el registro de la planilla Bios fue revocado por acumulación de amonestaciones y difamación al proceso electoral, por lo que Impulsa quedó como único candidato. Al final del conteo, la votación quedó con 1319 sufragios para Bios, 1168 para Impulsa y 94 nulos. Al no votar el 50% + 1 de los estudiantes [y al no conseguir Impulsa el 40% + 1 de los votos], se procedió a realizar una elección extraordinaria.

Lo curioso es que, en la UDLAP, la comunidad universitaria queda excluída de participar directamente en las elecciones extraordinarias. El proceso es más o menos así: se conforman nuevas planillas, con integrantes que sean o hayan pertenecido al CEUDLAP. Posteriormente, los miembros del Consejo actual y recién electo votan [un voto por mesa], y el ganador se decide por mayoría simple. El pasado 12 de mayo se llevaron a cabo los comicios. Los resultados no se hicieron públicos [o por lo menos, a mí no me llegó nada a mi correo institucional], pero ahí les va lo que me sé. Tómenlo como información de una charla de café, pero eso sí, de una fuente confiable.

Resulta que, en las extraordinarias, sólo participó una planilla, encabezada por [¡adivinaron!] Liuwa Robledo. Según me comentaron, la votación quedó 38 a favor, por 30 en contra. Es decir, un nuevo gobierno estudiantil con nula legitimidad. En fin, el punto de este ejercicio – como comenté al inicio – no es criticar a los flamantes ocupantes del Poder Ejecutivo [por el contrario, es de aplaudirse su necedad tenacidad], sino a los baches normativos que permiten semejante atrocidad. ¿Qué seguía si, por ejemplo, hubiera perdido Robledo la extraordinaria? ¿Un interinato, un Ejecutivo vacío? Tal vez, lo mejor para garantizar la supervivencia del sistema electoral hubiera sido un fracaso estrepitoso, un golpe seco que obliguase a replantear las reglas actuales.

Tristemente, quedará esta elección [como todas] para el anecdotario. El proceso de elección extraordinaria [utilizado, si la memoria no me falla, dos veces en los últimos seis años] es una manera de sacar a flote los barcos hundidos. Siempre se apela al abstencionismo como la raíz de todos los males, sin comprender que la apatía no es sino producto de malas administraciones y candidaturas mediocres. Yo anulé mi voto. Juro que, de entre las dos opciones, no encontré al menos malo. Urge una reforma, sentarse a repensar qué se puede mejorar, y sobre todo, evitar que sucedan triunfos de panzazo. Pero mientras impere la comodidad, poco habrá qué hacer. Qué lamentable afirmar que, a pesar de todo, habemus Ejecutivo.


Au lecteur: Este texto representa mi regreso como colaborador habitual de La Primera de Puebla, después de casi cinco meses de ausencia. Las columnas serán republicadas en este espacio, como siempre. Avisados quedan.

Hace un año recibí la oportunidad de coordinar la sección de Opinión de cierto diario universitario venido a menos. La vacante se abrió gracias a las diferencias editoriales (léase, un lío a golpes) entre el encargado de Opinión y el de Deportes. En ese entonces, yo colaboraba en el área de capacitación, impartiendo un curso exprés sobre redacción periodística. Así que entré al quite a medio semestre, a intentar levantar una sección que, desde mi perspectiva, es una de las más enriquecedoras de cualquier diario.

Mi palmarés periodístico no impresiona. Salvo las buenas notas en las materías que cursé, mi experiencia dista de ser la ideal para ocupar un puesto en cualquier consejo editorial. Soy neófito en el oficio del periodista, para qué mentir. Pero como opinólogo, la situación no pintaba tan mal. Ya había mantenido una columna sobre tecnología en los buenos tiempos del diario, y recién había debutado en La Primera de Puebla. Y mi blog, por supuesto, con fines más recreacionales que informativos. Pocos pininos, pero algo es algo.

“Tener una columna es un privilegio”, fue lo primero que les dije a mis muchachos. En lo personal, siempre he defendido el elitismo de los columnistas. La columna se gana con sangre, sudor, sesos y suerte; más esas extrañas corazonadas que siente el editor (o en mi caso particular, la fé ciega de Isaac Mendoza) para brindarle a una persona el honor de un espacio asignado. Mientras los reporteros pelean por ver publicadas sus notas y sobrevivir al corte de edición, el columnista no se preocupa por el proceso de filtado. Sus letras se respetan.

Pero no caigamos en la tautología. Un columnista no se define sólo por tener una columna. Así como el oficio se adquiere con la práctica, el mote también se gana. El título, al final del día, lo otorgan los lectores. Ellos son quienes responden a nuestros textos que, como botellas arrojadas al mar de información, buscan ávidamente a quién transmitir su mensaje. Sólo cuando nuestras palabras son atendidas, criticadas, respondidas, o discutidas en charlas de café, es cuando el columnista ha logrado su cometido y puede hacer gala de su investidura. Así que, por mi parte, prometo practicar el oficio en la medida que este periódico me lo permita. La distinción, eventualmente, vendrá de su lado.

Texto publicado el martes 26 de mayo de 2009.